Financiación eclesiástica
Es increíble y vergonzoso el dineral que ingresa la iglesia católica (ICR) del Estado: ¡más de trece millones de euros mensuales! Sin embargo, los recortes sociales son imparables, así como las cuentas pendientes del Estado con algunas comunidades autonómicas, como por ejemplo Cataluña, siguen pendientes de resolver. No me mueve la envidia, ni mucho menos, a la hora de escribir este post, sino más bien una sana y justa reivindicación al sistema de financiación que la Iglesia Adventista desde casi sus mismos inicios ha mantenido, que no es otro que la llamada benevolencia sistemática o diezmo. Y, ¿por qué lo hago? Pues por el sencillo hecho de mostrar que la verdadera “tomadura de pelo”, como algunos dicen por ahí, no está en devolver una décima parte de tus ingresos a la iglesia a la que perteneces, sino en que tus impuestos, seas creyente o no, vayan destinados a la ICR.
Desde hace siglos el catolicismo ha metido cara, manos, pies y otras cosas en “la casa del César”, y no está dispuesta a soltar tales remuneraciones económicas. Lo más fácil es convertirse en la religión oficial del estado, tal y como establece la tradición, y vivir de la “sopa boba” que te cae anualmente, como es el caso que nos ocupa. Me pregunto si este plan de financiación eclesiástica tiene la aprobación de Dios, y a la luz de las palabras del Señor de la Iglesia respondo un rotundo: ¡No! Cristo abogó por la separación entre Iglesia y Estado cuando dijo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20:25).
Nos asombramos de que en algunos países del mundo árabe, el islam sea la religión oficial que se impone por precepto y ejemplo a sus súbditos. Pero, ¿acaso no deberíamos asombrarnos más por el hecho de que en España, no ya el cristianismo, sino la visión cristiana de la ICR sea impuesta por precepto? Es una situación lamentable que denigra y ofende a la libertad de culto, así como al resto de iglesias cristianas que están lejos de gravar al Estado y por ende a sus ciudadanos, ya que no dependen de las arcas estatales para su financiación sino de sus propios miembros que las sustentan por medio de sus diezmos y ofrendas, tal y como la Biblia establece. La libertad de culto, por cierto, debería implicar igualdad de oportunidades y privilegios, pero es evidente que los privilegios ilícitos, desde la perspectiva bíblica, sólo apuntan en una dirección, y no parece que alguien vaya a poner remedio a esta situación.
Quizás va siendo hora de instruir al católico militante, y esa es una tarea papal y pastoral, sobre la necesidad de una autofinanciación eclesial, tal y como las Escrituras proponen. Mientras eso no suceda, nadie debería tildar de actitud sectaria a aquel cristiano adventista o no, que de acuerdo al plan de Dios financia a aquello que aprecia y valora: “la iglesia de Dios, la cual el ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).


2 comentarios:
Apreciado Jónatan:
Disculpa que aproveche y utilice este medio para hacer un comentario surgido a raiz del que has hecho en tu blog. Lo hubiera hecho en el blog, pero he observado que no lo aceptas sin previa censura. Por ello, y vuevo a disculparme, lo hago por esta vía con la seguridad de que al menos lo puedas leer con serenidad.
En primer lugar, pienso que cuando una persona, cualquier persona, emite una opinión, no solo se compromete ella por lo que expresa, sino que también compromete a la iglesia, empresa o comunidad a la que pertenece y percibe un sueldo por su trabajo.Y creo que es muy delicado hablar de dinero, financiación y ayudas por parte del Gobierno de España a la Iglesia Católica argumentando discrimación comparativa. Omitiendo, curiosamente, las ayudas y subvenciones que perciben, en ocasiones superiores a las que llegan a la Iglesia Católica, los sindicatos, partidos políticos y ONGs que defienden el aborto, el matrimonio homosexual y el terrorismo islámico-palestino.
Por pereza mental, no me voy a extemderme demasiado. Tan solo voy a manifestar que la Iglesia, iglesias, adventistas o no adventistas, siempre son, y reflejan ser, una parte de la sociedad a la que pertenecen. Es una institución más dentro del resto de instituciones, organizaciones y aparatos de poder de un Estado que conforman lo que denominamos el Sistema. Y la Iglesia, como una institución dentro del andamiaje de las otras instituciones que soportan y controlan el poder: la banca, las grandes multinacionales, las corporaciones financieras, el éjercito, los agentes sociales que controlan a los trabajadores, la confederación de grandes y pequeños empresarios, etc., etc., no es diferente, no puede ser diferente, por mucho mensaje evangélico y prédicas de amor y salvación, del resto de poderes o instituciones de la sociedad. Hablar de virtudes o defectos de una iglesia, es hablar de todas las iglesias. La historia se repite. Siempre, para bien o para mal, se repite. Les pasa como a las muñecas rusas, matrioska, que sacas una, otra, y otra, pero todas son iguales. Se diferencian en el tamaño, pero todas, absolutamente todas, son iguales.
Pienso que las comparaciones son odiosas y pueden ser, como las escopetas, que las cargue también el diablo. Porque lo importante no es lo que haga, o haya hecho, la Iglesia, cualquier iglesia, en la sociedad, sino lo que hacemos nosotros en favor de los ancianos, los enfermos, los niños huérfanos y las mujeres maltratadas. Teorizar menos y actuar más. No podemos, no debemos, olvidar que Cristo dijo que por sus frutos los conoceréis (Mat. 7, 16). Y todo lo demás, son cuentos chinos. Obras son amores, y no buenas razones. Ya que si nos perdemos en discusiones bizantinas, tratando de aclarar el sexo de los ángeles, perderemos, creo, el verdadero objetivo por el que un dia aceptamos a Cristo como salvador y decidimos vivir, cobrando un sueldo, por y para predicar la Salvación y venida de Jesús.
Un cordial, fraternal y cristiano saludo de: Antonio Pérez...
P.D. Y hablando de los defectos y virtudes de la Iglesia Católica, sería conveniente estudiar y conocer cómo iniciaron la obra adventista los primeros misioneros en África, Centroamérica, Sudamérica y otros lugares del mundo. Nos llevaríamos las manos a la cabeza saber y conocer como lo hicieron. A continuación, un pequeño botón de muestra:
http://text.egwwritings.org/publication.php?pubtype=Book&bookCode=TM&lang=es&pagenumber=526
Apreciado Antonio,
Ante todo recibe mi más sincero aprecio. Tu opinión es muy respetable, pero no la comparto en absoluto.
En el blog aparece un "disclaimer"o "renuncia de responsabilidad". Lo que yo pienso, digo y escribo no necesariamente tiene que ser lo mismo que la Administración de la Iglesia Adventista piense, diga y escriba en relación a este tema peliagudo.
Cierto que otras organizaciones más o menos deleznables pueden estar recibiendo subvenciones estatales, pero eso no quita que la subvención que nos ocupa, desde mi punto de vista, sea totalmente deleznable.
Quiero dejar bien claro que no tengo nada en contra del creyente católico, sino todo lo contrario, lo respeto y lo aprecio, pero no puedo estar de acuerdo con la financiación de la Iglesia Católica, y no puedo aceptar lo que dices acerca de que todas las iglesias son iguales porque eso no es verdad. No todas son iguales, ni sus templos, ni el mensaje que se predica. Ciertamente que pueden tener puntos en común, pero tomando como ejemplo mi iglesia en comparación con otras formas de liturgia, no tenemos nada que ver con el kaos pentescostal y la verborrea extática propia de esas iglesias, ni tampoco con las oraciones frías y repetitivas de la liturgia católica. El tema del dinero no es diferente. Me remito al escrito y los suscribo en mayúsculas.
Por cierto, el ejemplo que me muestras sobre el inicio del adventismo en alguna zona de Africa evidencia que el ser humano es falible y el adventista como humano que es también no es infalible, pero afortunadamente parece que se rectificó, ¿no? Lo que yo pido es lo mismo, una rectificación del catolicismo en relación a sus ingresos, en definitiva una vuelta a las Escrituras y a sus enseñanzas, cosa que parece que no están dispuestos a hacer.
Soy el primero en hacer autocrítica con mi propia iglesia y se que en el pasado, en ocasiones, no se actuó bien. Pero, amigo, lo del catolicismo no tiene nombre, porque ha sido una detrás de otra... y seguimos...
Un abrazo.
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