04 enero 2012

El otro lado de la "y"


Ya estamos en el enigmático 2012… y todo sigue más o menos igual: unos nacen y otros mueren, unos siguen empobreciéndose más en términos económicos y otros siguen chupando del bote a costa de aquellos que van perdiendo o ven limitado su poder adquisitivo, unos disfrutan con su equipo del alma y otros lamentan victorias ajenas, unos… y otros… Finalmente, todo se resume en lo que sucede a “unos” y lo que acontece a “otros”.


Pero, lo que quisiera resaltar es que, tal y como dice la Escritura, Dios sigue amando a “todos”. En estos tiempos de marcada crisis tanto económica como espiritual el mensaje bíblico sigue proclamando el amor de Dios a un mundo errático que sigue a lo suyo.


En este 2012, las cosas en el Remanente, siguen la buena y necesaria dinámica que prevaleció en el 2011: “R&R” (“Reavivamiento y Reforma”, no confundir con “Rock & Roll”). Quizás, como consecuencia a la tendencia innata al desequilibrio propia de la humanidad caída, casi siempre unos ponen todo el énfasis en el reavivamiento y otros acentúan la reforma, es decir, unos ensalzan el amor de Cristo y otros proclaman su mensaje doctrinal y profético con jotas y tildes incluidas. No hay nada de malo en todo esto. El problema está en descuidar el otro lado de la “y”.


Algunos no se dan cuenta que entre el término “reavivamiento” y la palabra “reforma” se encuentra la conjunción “y”, cuya función, en el caso que nos ocupa, es indicar una adición. Estos “algunos” sufren de lo que podríamos denominar como “confusión conjucional”, y en lugar de leer “reavivamiento y reforma”, parece que están leyendo “reavivamiento o reforma”, olvidando que la conjunción “o” indica que dos posibilidades se presentan como alternativas, de modo que cada una de ellas excluye a la otra.


Haríamos bien en definir el significado de “reavivamiento” y de “reforma”. La definición la encontramos en el diccionario del don profético, y dice así: “El reavivamiento y la reforma son dos cosas diferentes. El reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual… una resurrección de la muerte espiritual. La reforma significa una reorganización, un cambio en ideas y teorías, en hábitos y prácticas.” (R&H, 25/02/1902).


Queda claro que el reavivamiento sólo puede ser producido por el poder de Dios. No es algo que nosotros podamos producir, sino algo que produce la Palabra de Dios cuando nos alcanza por y con el poder del Espíritu Santo. Por supuesto, que la predicación de esa Palabra tiene un claro y único protagonista: Cristo. Muchas buenas predicaciones ponen todo el énfasis en este aspecto con un adecuado enfoque cristocéntrico. Pero, ¿dónde queda la reforma?


La reforma es algo que no podemos hacer al margen de Dios por nosotros mismos, pero si que es algo que tenemos que decidir por nosotros mismos. En este punto soy yo quien decido establecer horarios, pautas y hábitos que favorezcan una vida plena. Resulta obvio que Dios no va apagar el televisor por mi a las doce de la noche, como tampoco va a evitar que coma más de lo que necesito o que abandone cierta práctica o hábito pernicioso. El resguardar las avenidas del alma y comer de manera saludable y temperante es nuestra parte. Dicho de otro modo, no era Dios quien debía derribar los altares de divinidades paganas en el antiguo Israel, sino todo lo contrario (ver p. e. Éxodo 34:12, 13, Deuteronomio. 7:5). Era el instrumento humano quien, alentado y motivado por la palabra divina, decidía realizar la acción propuesta (ver p. e. Éxodo 32:20; 2ª Crónicas 14:3; 23:17; 30:14; 34:7).


Hoy no puede ser diferente. Si queremos tomarnos en serio el llamado a experimentar un verdadero reavivamiento y reforma en nuestras vidas, debemos estar dispuestos a derribar todo ídolo que se ha erigido en el templo que cada uno de nosotros somos y erradicar así la mundanalidad que ha tomado a nuestras neuronas como antaño había tomado las calles de Jerusalén (ver Jeremías 11:13).


Y en este proceso no podemos olvidar los llamados que el evangelio nos hacen al cultivo de esas virtudes que Cristo exhibió en su vida, respecto a nosotros mismos y hacia aquellos que nos rodean: paciencia, sencillez, comprensión, mansedumbre, amor fraternal. El reavivamiento y la reforma tendrán sentido y propiciarán el retorno de Cristo cuando nos haga SER, es decir, cuando nos haga ser mejores esposos y esposas, mejores padres y madres, mejores hijos e hijas, mejores empleados y jefes, mejores miembros de iglesia y mejores pastores, en definitiva, mejores cristianos.


El reavivamiento sin la reforma es fanatismo, y la reforma sin el reavivamiento es legalismo, así que no olvides nunca en este 2012 el otro lado de la “y”.