27 abril 2011

Los rockeros no van al infierno


Tópico clásico del posmodernismo más reciente es el que dice que los rockeros van al infierno. En realidad esta frase acuñada años ha por el grupo de rock español Barón Rojo es el opuesto a las santidad recalcitrante y farisaica de la que hacen gala algunos y algunas denominaciones religiosas más que otras con sus presuntos ataques a todo lo que huela a rock.


Pero nada más lejos de la realidad, porque ni los rockers, ni los punks, ni los hells angels, ni nadie pasará el resto de sus días en un lugar que no existe. Qué absurdo, y por ende paradójico, que el infierno se haya convertido en la bandera de todas aquellas personas (principalmente en el mundo del metal) que han rechazado y aborrecido a la iglesia que dice representar a Dios y que fraguó una de las mentiras más increíbles y universales que alguna vez hayan existido: el infierno. Si lo de las armas de destrucción masiva fue una mentira a todas luces demostrada, el infierno es la mentira del medievo a todas luces defendida, no sólo por el sector católico, sino también por el protestante. Y eso es precisamente lo desconcertante.


No asombra que el catolicismo siga en sus trece con la tarea de dogmatizar, que ya no asustar, con el infierno. Pero sorprende que la mayor parte del protestantismo actual mantenga como una doctrina verdadera una falsedad del tamaño de una catedral. El hecho de que los grandes reformadores no se metieran directamente con el engaño del infierno, no significa que hoy no tengamos que revisarlo. Ellos no lo “vieron todo”, y la Reforma no concluyó con ellos.


Hace poco se publicaba un libro escrito por el pastor Rob Bell, titulado Love Wins (El amor triunfa), donde, entre otras muchas cuestiones, deja entrever la falsedad del infierno. Pero parece que eso tan sólo ha sido un espejismo pasajero si tenemos en cuenta sus últimas declaraciones respecto al tema, según las cuales mantendría su creencia en el infierno.


Me pregunto, ¿dónde queda el espíritu que movió a los reformadores a luchar contra el error doctrinal promovido por la “Santa Madre Iglesia”?, ¿dónde están aquellos pastores que como sus predecesores se enfrentaron al error y a la tradición aun a costa de sus vidas (aunque hoy, afortunadamente y de momento, esa no sea la realidad que nos toca vivir)? Claro, claro, están por lo que realmente es importante: ayudar, animar, sostener, educar… Desde luego, que todo esto es importante pero siempre desde un marco correcto y bíblico, en el cual, sin ningún lugar a dudas, el infierno no tiene cabida alguna.

Tan aborrecible es para Dios el hecho de no ayudar, no animar, no sostener, no educar, como el hecho de no decir la verdad. Y no hay nada que moleste y ofenda más a Dios, y si no me crees toma una concordancia bíblica y compruébalo, como la mentira, la falsedad, la tergiversación de las cosas, de sus cosas.


07 abril 2011

Pirómanos religiosos


De piedra me quedé cuando escuche la noticia de la quema de un Corán a cargo del Sr. Terry Jones. Me cuesta poner la abreviación de “pastor” (Pr.), porque un pastor, sea de la denominación que sea, no está llamado a realizar actos de semejante naturaleza que tan sólo hacen que alimentar el odio y el resentimiento.

Yo, como el Sr. Terry Jones, no soy musulmán. Soy cristiano porque considero que la Biblia tiene suficientes argumentos en sí misma para creer en ella como la Palabra de Dios. Quizás el Sr. Jones pueda llegar a justificar la quema del Corán arguyendo al episodio donde unos conversos al cristianismo quemaron libros de magia que ascendían a un valor realmente elevado (Hechos 19:18-20). Aquellos libros de magia, seguramente, no eran representativos de una comunidad sino de unas prácticas ligadas a la superstición, probablemente relacionados con el culto frigio a la naturaleza. Cabe notar que fueron los propios dueños de esos libros quienes tomaron la iniciativa de quemarlos. Nadie lo hizo por ellos, ya que Pablo y los otros apóstoles que extendieron el cristianismo no fueron abanderados de la quema de los símbolos religiosos de los pueblos que visitaban.


Cierto que en el Antiguo Testamento encontramos episodios donde los altares de cultos idolátricos y las imágenes de dioses cananeos era destruidos en el territorio de Israel, pero en ese contexto eso tenía sentido. Se trataba de restablecer el culto al verdadero Dios creador del cielo y de la tierra que estaba siendo suplantado por el culto a otros dioses, que evidentemente no lo eran. Cosas como orgías y sacrificio de niños eran prácticas asociadas a este tipo de culto. Esta situación desviaba al pueblo de Israel de las bendiciones que el verdadero culto a Yhweh confería.


Yo, como el Sr. Terry Jones, creo en Jesucristo, y sin embargo no aprendo eso de ir quemando Coranes de su persona. El episodio del pedido de Juan y Santiago de quemar a una población samaritana (Samaria rivalizaba en culto con Jerusalén), por no haberles hospedado es significativo (Lucas 9:51-56). Es verdad que Juan y Santiago hablaban de quemar personas, y el Sr. Jones ha quemado páginas, pero esas páginas son la referencia de millones de personas que merecen ser respetadas. Dios nos ha hecho libres, y esa libertad pasa por escoger la forma de religión y culto que mejor me parezca, aunque esa forma de culto se aparte del canon establecido por Jesucristo.


Yo, como el Sr. Terry Jones, detesto el fanatismo religioso que induce a ciertas personas a asesinar a aquellos que no piensan como ellos. No era necesario quemar un Corán para provocar las más bajas pasiones del sector fanático musulmán. Si sabes como son algunos, ¿para qué provocarlos? La intolerancia y el no respeto al otro que cuatro descerebrados practican y animan en otros incautos son situaciones condenables en sí mismas, pero siempre por medio de las palabras y nunca por medio de actos que recuerdan a otras épocas, y no precisamente de la historia del islamismo, sino de la historia del catolicismo.


Yo, a diferencia del Sr. Terry Jones (y ojalá me estuviera equivocando), sigo recordando y protestando contra el genocidio de miles de cristianos asesinados a fuego y espada a manos de aquellos que profesaban ser cristianos y que, de esta manera, en nombre de Dios exterminaron a miles de personas que adoraban al Señor según su conciencia.


Y yo, al igual que el Sr. Jones y seguramente que tu, necesito quemar mis prejuicios, mis resentimientos, mis rencores, mi autosuficiencia, en definitiva, el pecado.