Hoy ha sido noticia en muchos medios de comunicación, se espera que el nivel del Mar Mediterráneo aumente 40 cm. en el presente siglo (El Mundo / ADN.es).
No es una información baladí, se fundamenta en los datos obtenidos a lo largo del s. XX. En el siglo pasado, el Mar Mediterráneo ha aumentado 20 cm. su nivel, por lo que dicen los medios, "mucho más de lo esperado" (Noticias2D / Qué!).
La velocidad a la que aumenta el nivel del mar, se fue incrementando conforme avanzaba el siglo XX, de modo que cada vez es más rápido su crecimiento. Coincide con la masificación del uso de combustibles fósiles, especialmente del petróleo.
Sin duda alguna, nos estamos cargando este planeta, única nave que nos lleva de viaje por el Universo, y en la que no hay salidas de emergencia... al menos humanamente posibles, por ahora.
Es cada vez más que preocupante el asunto. Me alegro de avances como los coches eléctricos y los acuerdos internacionales para reducir las emisiones de CO2, pero seamos sinceros, es una postergación de la agonía medioambiental.
Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para intentar mejorar la situación, pero, personalmente creo que esto irá de mal en peor irremediablemente. De igual modo, es más que probable que la solución tenga que venir de fuera de este mundo, aunque a muchos les cueste creer en ello.
Como cada martes pasé un control tras otro, hasta llegar a las entrañas de un centro penitenciario en Barcelona. Entre en el bunker (cabina)del módulo y pedí que me llamaran a A. B. Allí estaba, enfrente del cristal, esperando mi llegada. Así que no hizo falta que le llamaran por su nombre. Es este de aquí - le dije al funcionario. La puerta del módulo se abrió y el interno salió contento, más eufórico que de costumbre. Se abalanzó suavemente sobre mi y nos dimos un abrazo, y me besó en la mejilla. Eso si, ese fue un beso de cariño y complicidad. Siempre me digo a mi mismo que muchos de los que están entre rejas no son peores que los que estamos afuera.
¡Jónatan! ¡Dime dónde vas a estar el sábado!, ¿en qué iglesia?- me preguntó. ¿Por qué? ¿Es que vas a tener permiso?- le pregunté. ¡No, no, mucho mejor que eso!, ¡voy a tener la libertad!- me contestó con una sonrisa de oreja a oreja, y siguió diciéndome: Dame tu teléfono porque quiero contactar contigo y quiero que sigamos viéndonos en el futuro para seguir estudiando la Biblia.
La historia de A. B., es curiosa y paradójica, como la de muchos internos que he conocido a lo largo de estos años. Fue encarcelado injustamente, acusado de cometer un delito que, en realidad, jamás cometió. Por eso, el Estado se ve obligado a indemnizarle por estos 11 meses de reclusión injusta y de privación de libertad con todo lo que eso implica: familia que sufre, pérdida de trabajo, ansiedad y depresión, frustración. Sin embargo A. B. ha sabido ver el lado positivo de su triste e injusta historia. Me dijo: -Si no hubiera dado con mis huesos en la cárcel, no hubiera conocido a Dios. Yo era uno de esos tipos que si le venías hablando de Dios, te espetaba un: ¡Soy ateo! ¡No me vengas con rollos! Y ya ves, ahora no puedo dejar de reconocer que en mi hora más oscura he podido descubrir a Dios (o, por complementar la frase, se ha dejado descubrir por Dios). Una vez más se cumple aquello que una reconocida autora cristiana llamada Elena White dijera años ha: “La necesidad del hombre es la oportunidad de Dios”.
Lo mismo ocurre con S. R. B. Me dijo que él no era ningún santo. Que en el pasado había movido drogas en un local que tenía en Barcelona, pero que fue encarcelado por un asunto del cual él no tenía nada que ver. Y me decía sereno y contento: ¡Doy gracias a Dios, porque aquí en este lugar privado de libertad he encontrado la verdadera libertad, la libertad que desprecié durante muchos años en mi vida! Y mi familia afuera está bien atendida. S. R. B. es hijo de un pastor africano de una denominación cristiana.
Podría seguir hablando de mi amigo y hermano A. P., quien todavía debe acudir al centro penitenciario para dormir todas las noches por asuntos que deberían de haber prescrito ya, y de tantos otros, que a pesar de estar encarcelados por delitos que si que cometieron, están disfrutando de una experiencia liberadora que va más allá de la realidad que les toca vivir a diario: la falta de libertad.
Jesús Dijo: “Si el Hijo os liberta, seréis realmente libres” (Juan 8:36). Y eso es lo que son todos estos amigos: “realmente libres”. Más libres que muchos de los que disfrutan de la libertad física, pero no de la espiritual. Es verdad, con muchas ganas de salir y de disfrutar de un deseo lícito y un derecho civil indiscutible llamado libertad, pero también para poder disfrutar de ese acto de liberación llamado bautismo que marca un antes y un después en la vida de todo ser humano que ha sabido encontrar a Dios porque, antes, ha sido encontrado y liberado por Él, bien por una necesidad apremiante o por una curiosidad intrigante, como es el caso de A. M. A., un brasileño que se ha tenido que ver entre rejas para poder descubrir en qué consiste realmente la libertad.
Qué bueno es saber y comprobar que en momentos de gran necesidad, en el silencio, Dios está dispuesto a darnos la libertad que todos necesitamos, sin tan sólo le damos una oportunidad.
Hace varios meses guardé el enlace a una noticia de Zenit.org, agencia de noticias del Vaticano, porque me llamó la atención el titular: "El pontífice quiere que las familias comiencen a preparar el evento de 2012".
En el contexto de la preparación del año de la familia, Benedicto XVI se queja (y con razón) del ritmo frenético que ha llevado a la sociedad actual a no reservar tiempo para estar en familia, un tiempo de calidad que comprenda también explayamiento espiritual.
Evidentemente, en este contexto, la Iglesia Católica reclama que por ley se decrete el descanso dominical, en pro también de la familia. Esto, algunos lo conocen como "ley dominical". Es un paso más hacia este evento de imposición de adoración en un día suplantado.
Coincido en la necesidad de reservar un día para la familia y el renuevo espiritual, pero puestos a ello, ¿no será mejor elegir el día que el propio Creador nos regaló?
Así reza el titular de "El País", entre otros medios. Para más detalles, el primer párrafo dice: "Los lagos de la Tierra, especialmente los de latitudes medias y altas, se están calentando desde hace 25 años casi medio grado por década, según los datos de la temperatura superficial del agua tomados desde satélite. La investigación, realizada por expertos de la NASA en el Jet Propulsion Laboratory (California), abarca 167 grandes lagos en todo el mundo."
No puedo por menos que preocuparme por mis hijos, por el medio ambiente, o mejor dicho, el "miedo al ambiente" que estamos dejando. Los lagos que más han aumentado de temperatura son los que se ubican en Europa y Norteamérica. Lógicamente, tendrá algo que ver con la actividad humana, digo yo.
En cualquier caso, al igual que en el post anterior, me limito a reflejar un lento pero invariable caminar hacia la necesidad de un "reseteo" de este planeta, una nueva oportunidad que Dios nos de para implantar un sistema sostenible de convivencia con la naturaleza. Creo que hay posibilidades de intentarlo, pero con la interacción político-económica en la que vivimos, sin ayuda externa dudo que lo consigamos.
Hace muchos meses que no escribo nada, por falta de tiempo. Al menos quiero dejar constancia de una noticia que ayer me llamó la atención: "Los precios de los alimentos se disparan", según RTVE alcanza niveles de hace 20 años, pero según otras fuentes, los alimentos han alcanzado el precio más caro de toda la historia.
En cualquier caso, qué duda cabe que estamos hablando de una crisis mundial, no sólo económica, sino en todos los sentidos (liderazgo, espiritual, política, moral, etc.), y a esto se suma ahora la crisis del acceso a alimentos de primer orden en muchas zonas del mundo.
Esto me hace reflexionar en la necesidad de una inflexión en este mundo, y en el anuncio hecho hace un par de miles de años por el Maestro de Nazaret: "Habrá hambres..." (Mateo 24:7). Todo esto sigue apuntando como señales de neón a un momento histórico, que tenemos que ver con esperanza, como un portal en el espacio-tiempo hacia un mundo mejor.
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