17 enero 2011

Año nuevo... nuevas y falsas interpretaciones proféticas


En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta:"¿Cuántos riñones tenemos?" -"¡Cuatro!", -responde el alumno. -"¡¿Cuatro...?!", -replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. -"Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en el salón", -le ordena el profesor a su asistente. -"¡Y para mí un cafecito!", -le dijo el alumno al asistente del profesor. El profesor se enojó y expulsó al alumno del salón. El alumno era el humorista Aparicio Torelly, conocido como el Barón de Itararé (1895-1971). Al salir del salón, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro: -"Usted me preguntó cuántos riñones 'tenemos'. 'Tenemos' cuatro: dos míos y dos suyos. Porque 'tenemos' es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto".

Esta anécdota me sirve para ilustrar lo que pasa a menudo con las interpretaciones doctrinales y proféticas bíblicas. En muchas ocasiones las diferencias son cuestión de semántica, pero no siempre ocurre así. Dentro y fuera de nuestra iglesia son muchos los que no dejan de buscar nuevas interpretaciones proféticas diferentes a la sólida plataforma que nos ha establecido como pueblo único y peculiar. Al margen de las aplicaciones puntuales de sucesos históricos que se relacionan sin impunidad con textos de Apocalipsis, me vienen a la memoria la célebre interpretación de los tres tiempos proféticos del capítulo 12 del libro de Daniel. Recientemente escuché una predicación de aquellas que no se olvidan, sobre todo por la ilustración que el osado predicador utilizaba para mostrar a su auditorio que Daniel 12 es una profecía de doble cumplimiento; los tiempos proféticos mencionados en este capítulo no van más allá de 1844, pero los 1335 además tienen un cumplimiento a partir del establecimiento del decreto dominical, y por lo tanto son también de aplicación futura. El predicador en cuestión decía que en Daniel 11 y 12 hay un cartel semejante al que se puede encontrar en algunas casas que tienen perro: BEWARE OF DOG! (¡CUIDADO CON EL PERRO!).


Después de escuchar la tergiversada interpretación que el susodicho hacía de los tiempos proféticos de Daniel 12 pensé que el que realmente se estaba pasando por el forro de la americana (saco), la advertencia “Beware of Dog”, era él mismo. ¿Por qué? Sencillamente porque Elena White hablando de los tiempos proféticos en general, advierte clara y contundentemente que no tenemos que esperar un tiempo profético más allá de 1844. He aquí las advertencias que suponen todo un “Beware of Dog”:

“La cuestión de las fechas no ha sido una prueba desde 1844, y nunce volverá a ser una prueba.” (PE, 75).

“La gente no tendrá otro mensaje acerca de un tiempo definido. Después de este lapso (Apocalipsis 10:4-6), que ahora abarca desde 1842 a 1844, no puede haber ningún cómputo definido de tiempo profético. El cálculo más prolongado llega hasta el otoño de 1844.” (MS 59, 1900).

Me quedan claras, por lo menos, tres cosas:

  1. Queda claro que aquel que aludía a la advertencia “Beware of Dog”, estaba siendo devorado por el perro.

  1. Queda claro que tan malo es ser un perro mudo, como un perro broncas, es decir, un perro ladrador que luego resulta ser poco mordedor.

  1. Queda claro que muchos buscan los tres pies al perro (sé que es gato, pero como hablamos de perros…), y no dejan de dar advertencias que son falsas y, por tanto, inútiles. Me pregunto cuando vamos a tomarnos en serio el evangelio, y eso no significa estar pendiente de la nueva corriente profética que surja, de la nueva tendencia o advertencia apocalíptica, o del nuevo “ladrido” del visionario de turno, sino de estar pendientes del viejo y eterno evangelio: “Cristo en vosotros, al esperanza de gloria” (Col. 2), también presente en los libros de Daniel y Apocalipsis.

Claro que hay que hablar de profecía, pero no para tergiversarla según mi visión particular de las cosas. La profecía nos fue dada para confirmar la Escritura y los tiempos en los que vivimos. Si tenemos que estar pendientes de algo, es de las señales que claramente indican que Cristo está a las puertas, de lo cual, tanto Daniel como Apocalipsis dan suficientes evidencias. Y si queremos estar pendientes de la evolución de esas señales de los tiempos en cuanto a la ley dominical, fijémonos en los movimientos, en primer lugar de nuestro buen Dios, y luego de los dos poderes blancos: la Casa Blanca y el hombre de blanco (el que tiene oídos oiga).