07 abril 2011

Pirómanos religiosos


De piedra me quedé cuando escuche la noticia de la quema de un Corán a cargo del Sr. Terry Jones. Me cuesta poner la abreviación de “pastor” (Pr.), porque un pastor, sea de la denominación que sea, no está llamado a realizar actos de semejante naturaleza que tan sólo hacen que alimentar el odio y el resentimiento.

Yo, como el Sr. Terry Jones, no soy musulmán. Soy cristiano porque considero que la Biblia tiene suficientes argumentos en sí misma para creer en ella como la Palabra de Dios. Quizás el Sr. Jones pueda llegar a justificar la quema del Corán arguyendo al episodio donde unos conversos al cristianismo quemaron libros de magia que ascendían a un valor realmente elevado (Hechos 19:18-20). Aquellos libros de magia, seguramente, no eran representativos de una comunidad sino de unas prácticas ligadas a la superstición, probablemente relacionados con el culto frigio a la naturaleza. Cabe notar que fueron los propios dueños de esos libros quienes tomaron la iniciativa de quemarlos. Nadie lo hizo por ellos, ya que Pablo y los otros apóstoles que extendieron el cristianismo no fueron abanderados de la quema de los símbolos religiosos de los pueblos que visitaban.


Cierto que en el Antiguo Testamento encontramos episodios donde los altares de cultos idolátricos y las imágenes de dioses cananeos era destruidos en el territorio de Israel, pero en ese contexto eso tenía sentido. Se trataba de restablecer el culto al verdadero Dios creador del cielo y de la tierra que estaba siendo suplantado por el culto a otros dioses, que evidentemente no lo eran. Cosas como orgías y sacrificio de niños eran prácticas asociadas a este tipo de culto. Esta situación desviaba al pueblo de Israel de las bendiciones que el verdadero culto a Yhweh confería.


Yo, como el Sr. Terry Jones, creo en Jesucristo, y sin embargo no aprendo eso de ir quemando Coranes de su persona. El episodio del pedido de Juan y Santiago de quemar a una población samaritana (Samaria rivalizaba en culto con Jerusalén), por no haberles hospedado es significativo (Lucas 9:51-56). Es verdad que Juan y Santiago hablaban de quemar personas, y el Sr. Jones ha quemado páginas, pero esas páginas son la referencia de millones de personas que merecen ser respetadas. Dios nos ha hecho libres, y esa libertad pasa por escoger la forma de religión y culto que mejor me parezca, aunque esa forma de culto se aparte del canon establecido por Jesucristo.


Yo, como el Sr. Terry Jones, detesto el fanatismo religioso que induce a ciertas personas a asesinar a aquellos que no piensan como ellos. No era necesario quemar un Corán para provocar las más bajas pasiones del sector fanático musulmán. Si sabes como son algunos, ¿para qué provocarlos? La intolerancia y el no respeto al otro que cuatro descerebrados practican y animan en otros incautos son situaciones condenables en sí mismas, pero siempre por medio de las palabras y nunca por medio de actos que recuerdan a otras épocas, y no precisamente de la historia del islamismo, sino de la historia del catolicismo.


Yo, a diferencia del Sr. Terry Jones (y ojalá me estuviera equivocando), sigo recordando y protestando contra el genocidio de miles de cristianos asesinados a fuego y espada a manos de aquellos que profesaban ser cristianos y que, de esta manera, en nombre de Dios exterminaron a miles de personas que adoraban al Señor según su conciencia.


Y yo, al igual que el Sr. Jones y seguramente que tu, necesito quemar mis prejuicios, mis resentimientos, mis rencores, mi autosuficiencia, en definitiva, el pecado.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

En la vida, y la religión forma pate de la vida, cada uno puede y debe hacer lo que considere oportuno. Criticar al Pastor Terry Jones por decidir quemar un libro, el Corán, es igual que criticar por hacer lo contrario. Y hablando de odios, reconres y provocacones, a quienes debrían ir diriidas esas palabras o reproches es a quienes más las necesitan. Es decir, a los seguidores de un libro, nada religioso por cierto, lleno de falsedades, descriminación a la mujer y donde trata al hombre como un esclavo sumiso, ciego y obediente a las paranoia de su autor. Un falso profeta que escrbió que todo el mundo debe obedecer a Alá, sino hay que degollarlo. Todo es criticable, hasta quemar Bblias y asesinar a cristianos por los musulmanes. Lo que no es lógio es que unos tengan todos los drechos y los demás ninguno...