Los rockeros no van al infierno
Tópico clásico del posmodernismo más reciente es el que dice que los rockeros van al infierno. En realidad esta frase acuñada años ha por el grupo de rock español Barón Rojo es el opuesto a las santidad recalcitrante y farisaica de la que hacen gala algunos y algunas denominaciones religiosas más que otras con sus presuntos ataques a todo lo que huela a rock.
Pero nada más lejos de la realidad, porque ni los rockers, ni los punks, ni los hells angels, ni nadie pasará el resto de sus días en un lugar que no existe. Qué absurdo, y por ende paradójico, que el infierno se haya convertido en la bandera de todas aquellas personas (principalmente en el mundo del metal) que han rechazado y aborrecido a la iglesia que dice representar a Dios y que fraguó una de las mentiras más increíbles y universales que alguna vez hayan existido: el infierno. Si lo de las armas de destrucción masiva fue una mentira a todas luces demostrada, el infierno es la mentira del medievo a todas luces defendida, no sólo por el sector católico, sino también por el protestante. Y eso es precisamente lo desconcertante.
No asombra que el catolicismo siga en sus trece con la tarea de dogmatizar, que ya no asustar, con el infierno. Pero sorprende que la mayor parte del protestantismo actual mantenga como una doctrina verdadera una falsedad del tamaño de una catedral. El hecho de que los grandes reformadores no se metieran directamente con el engaño del infierno, no significa que hoy no tengamos que revisarlo. Ellos no lo “vieron todo”, y la Reforma no concluyó con ellos.
Hace poco se publicaba un libro escrito por el pastor Rob Bell, titulado Love Wins (El amor triunfa), donde, entre otras muchas cuestiones, deja entrever la falsedad del infierno. Pero parece que eso tan sólo ha sido un espejismo pasajero si tenemos en cuenta sus últimas declaraciones respecto al tema, según las cuales mantendría su creencia en el infierno.
Tan aborrecible es para Dios el hecho de no ayudar, no animar, no sostener, no educar, como el hecho de no decir la verdad. Y no hay nada que moleste y ofenda más a Dios, y si no me crees toma una concordancia bíblica y compruébalo, como la mentira, la falsedad, la tergiversación de las cosas, de sus cosas.


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