23 febrero 2011

Un día en la cárcel


Como cada martes pasé un control tras otro, hasta llegar a las entrañas de un centro penitenciario en Barcelona. Entre en el bunker (cabina) del módulo y pedí que me llamaran a A. B. Allí estaba, enfrente del cristal, esperando mi llegada. Así que no hizo falta que le llamaran por su nombre. Es este de aquí - le dije al funcionario. La puerta del módulo se abrió y el interno salió contento, más eufórico que de costumbre. Se abalanzó suavemente sobre mi y nos dimos un abrazo, y me besó en la mejilla. Eso si, ese fue un beso de cariño y complicidad. Siempre me digo a mi mismo que muchos de los que están entre rejas no son peores que los que estamos afuera.


¡Jónatan! ¡Dime dónde vas a estar el sábado!, ¿en qué iglesia?- me preguntó. ¿Por qué? ¿Es que vas a tener permiso?- le pregunté. ¡No, no, mucho mejor que eso!, ¡voy a tener la libertad!- me contestó con una sonrisa de oreja a oreja, y siguió diciéndome: Dame tu teléfono porque quiero contactar contigo y quiero que sigamos viéndonos en el futuro para seguir estudiando la Biblia.


La historia de A. B., es curiosa y paradójica, como la de muchos internos que he conocido a lo largo de estos años. Fue encarcelado injustamente, acusado de cometer un delito que, en realidad, jamás cometió. Por eso, el Estado se ve obligado a indemnizarle por estos 11 meses de reclusión injusta y de privación de libertad con todo lo que eso implica: familia que sufre, pérdida de trabajo, ansiedad y depresión, frustración. Sin embargo A. B. ha sabido ver el lado positivo de su triste e injusta historia. Me dijo: -Si no hubiera dado con mis huesos en la cárcel, no hubiera conocido a Dios. Yo era uno de esos tipos que si le venías hablando de Dios, te espetaba un: ¡Soy ateo! ¡No me vengas con rollos! Y ya ves, ahora no puedo dejar de reconocer que en mi hora más oscura he podido descubrir a Dios (o, por complementar la frase, se ha dejado descubrir por Dios). Una vez más se cumple aquello que una reconocida autora cristiana llamada Elena White dijera años ha: “La necesidad del hombre es la oportunidad de Dios”.


Lo mismo ocurre con S. R. B. Me dijo que él no era ningún santo. Que en el pasado había movido drogas en un local que tenía en Barcelona, pero que fue encarcelado por un asunto del cual él no tenía nada que ver. Y me decía sereno y contento: ¡Doy gracias a Dios, porque aquí en este lugar privado de libertad he encontrado la verdadera libertad, la libertad que desprecié durante muchos años en mi vida! Y mi familia afuera está bien atendida. S. R. B. es hijo de un pastor africano de una denominación cristiana.


Podría seguir hablando de mi amigo y hermano A. P., quien todavía debe acudir al centro penitenciario para dormir todas las noches por asuntos que deberían de haber prescrito ya, y de tantos otros, que a pesar de estar encarcelados por delitos que si que cometieron, están disfrutando de una experiencia liberadora que va más allá de la realidad que les toca vivir a diario: la falta de libertad.


Jesús Dijo: “Si el Hijo os liberta, seréis realmente libres” (Juan 8:36). Y eso es lo que son todos estos amigos: “realmente libres”. Más libres que muchos de los que disfrutan de la libertad física, pero no de la espiritual. Es verdad, con muchas ganas de salir y de disfrutar de un deseo lícito y un derecho civil indiscutible llamado libertad, pero también para poder disfrutar de ese acto de liberación llamado bautismo que marca un antes y un después en la vida de todo ser humano que ha sabido encontrar a Dios porque, antes, ha sido encontrado y liberado por Él, bien por una necesidad apremiante o por una curiosidad intrigante, como es el caso de A. M. A., un brasileño que se ha tenido que ver entre rejas para poder descubrir en qué consiste realmente la libertad.


Qué bueno es saber y comprobar que en momentos de gran necesidad, en el silencio, Dios está dispuesto a darnos la libertad que todos necesitamos, sin tan sólo le damos una oportunidad.

3 comentarios:

Gran Torino dijo...

hacia tiempo que no leia un post tuyo, me alegra de poder hacerlo hoy :)

Pedro Torres dijo...

Muuuuy bueno, felicidades Jónatan.

Jónatan Dolcet dijo...

Un placer saludarte, Gran Torino!! Por cierto una gran película que bien merece un buen nick :-)

Felicidades a ti, Pedro, por engendrar este "pedaso" de blog y todos sus hermanos.

Abrazos en Cristo, mis amigos.