La Segunda Venida... del papa
El 7 de noviembre es la fecha escogida para la visita de Benedicto XVI a la ciudad de Barcelona, concretamente, para consagrar el templo de la Sagrada Familia. Mucho se ha escrito, a favor y en contra, de esta segunda venida del máximo mandatario del catolicismo a la ciudad de Barcelona (si no recuerdo mal la primera visita de un papa a Barcelona estuvo a cargo de Juan Pablo II).
De sobras son conocidas las cifras que se barajan de los costes de dicha venida. La pregunta es, ¿quién paga todo eso?, ¿la iglesia o la administración pública? Me temo que una gran parte de los gastos correrá a cargo de la administración pública, y si es la administración pública quien corre con los millonarios gastos, significa que somos los ciudadanos de Cataluña y Barcelona, los que estamos financiando esta venida pontifical. El problema es que eso sucede con todos indistintamente de su credo, sea católico o no.
Resulta que con mis impuestos se va a financiar la segunda venida del papa a Barcelona. Me pregunto si esta es una situación lógica. Y me respondo que para nada, fundamentalmente porque, aunque creo en Dios, no soy católico. Y como no soy católico, no me interesa financiar todo aquello que tiene que ver con visitas particulares de la fe católica, como supone el hecho de consagrar una basílica, por muy bonita y espectacular que sea. Cuando mi iglesia quiere organizar un evento, sea el que sea, no recibe ninguna ayuda estatal, autonómica o local. Y creo que no debería recibirla por el principio bíblico de separación iglesia-estado. Este principio declara la necesidad de separar los negocios de la iglesia que sea, y por muy mayoritaria que sea, con los presupuestos económicos de cualquier estado, autonomía o ciudad, con el objetivo de respetar al ciudadano que no comulga con ninguna fe o con algunas en particular.
Me parece vergonzoso que esta visita cueste a las arcas públicas catalanas más de 670.000 €, al margen de los gastos ocasionados por seguridad, atención sanitaria y limpieza (pueden rondar el millón de euros), sin contar con los gastos de la televisión autonómica que pagamos entre todos. Este es un espectáculo demasiado caro siempre en cualquier circunstancia, que viene a resultar poco ético, por no decir otra cosa “peor”, en estos tiempos de grave crisis económica.
Si la iglesia católica mediante la aportación de ofrendas voluntarias de sus fieles no alcanza a sufragar el gasto total del viaje, entonces creo que moralmente hay dos opciones: 1. Rebajar los costes al máximo; 2. No realizar la visita. Pero como lo primero no lo van hacer con la excusa de que la visita del papa requiere unos mínimos de dignidad ("un presupuesto austero pero digno" en palabras del cardenal Lluís Martínez Sistach), y no se van a conformar tampoco con la segunda opción, entonces a mi y a aquellos que no aprobamos semejante despilfarro sólo nos toca levantar nuestra voz de protesta. Por cierto, que me expliquen donde ven la "austeridad" en el presupuesto millonario que se maneja, porque lo de la "dignidad" queda más que asegurada.
La Conferencia Episcopal ha declarado recientemente que "no hay despilfarro" en la visita de Joseph Ratzinger, pues "siempre que viene el Papa es un negocio económico y espiritual". Claro, claro que no me olvido de los ingresos que la visita papal reportará a la ciudad de Barcelona que se estima en unos 30 millones de euros. Y no me olvido porque los beneficiarios de esta millonada no vamos a ser los ciudadanos que pagamos religiosamente nuestros impuestos, sino el gremio de la hostelería y la propia administración. Y en cuanto que la visita del papa es un negocio espiritual en el buen sentido de la palabra, mejor me callo, por no soltar alguna cosa que pueda resultar un tanto bestia.
Mientras llega el día señalado para tan controvertida venida, yo y aquellos que creemos en las promesas de Cristo seguimos esperando otra venida mucho más especial y trascendente que cambiará definitivamente el curso de esta historia por siempre jamás: la Segunda Venida de Cristo.


