Escándalos
El reciente, aunque en verdad añejo escándalo de paidofilia (llamada comúnmente como pedofilia), que ha visto la luz en estos últimos días, no hace más que sumarse a la larga y preocupante lista de abusos sexuales imputables a la iglesia católica.Aquellos que acostumbráis a leer las publicaciones de este blog, sabéis que desde este medio nunca hemos hecho leña del árbol caído, es decir, nunca hemos utilizado esta clase de abominaciones sexuales para desprestigiar la fe católica, porque una cosa es la fe católica como tal, y otra cosa son las personas que la representan. Es cierto que aquellos que profesamos una fe, sea la que sea, estamos hablando más fuerte por lo que vivimos que por lo que decimos, pero no es menos cierto que los desvaríos de uno o varios individuos no representan el total del grupo o comunidad de la que forman parte.
Un policía corrupto o varios de ellos no han de desprestigiar a todo un colectivo. Del mismo modo sucede con los políticos y los escándalos financieros, los deportistas y el dopaje, los sanitarios y las negligencias médicas, los letrados y las sentencias injustas, etc. No realizamos un juicio de valor a una organización, en esta caso a una iglesia, en base al comportamiento de sus integrantes, sino en base al sistema de creencias que profesa. Hacer lo primero sería un acto de injusticia, aun cuando el juicio moral del comportamiento de ciertas personas adheridas a una comunidad u organización estuviere basado en el análisis objetivo, porque dicho análisis respondería a las acciones personales de ciertos individuos que, aunque pertenecen a una determinada comunidad, en este caso la iglesia católica, no la representan total y exclusivamente. Hacer lo segundo con objetividad debería ser lo propio, y esto es lo que un servidor si ha hecho, de vez en cuando, en el pasado más reciente (en ocasiones con cierta dosis de ironía).
Y aunque creo que este razonamiento debería ser suficiente para zanjar esta delicada y abominable cuestión, parece que para muchos no lo es, porque aquí entra en juego la capacidad de denunciar actos inmorales, sean los que sean, por parte de los administradores de un colectivo. No se trata pues de desprestigiar a una iglesia, en este caso, por la incompetencia y locura de unos pocos aquí y allí, sino por el hecho de callar y, por tanto, esconder la porquería debajo de la alfombra. No voy a ser yo quien realice un juicio de valor sobre este asunto, en primer lugar porque no soy católico (en ese caso se me podría acusar de cierta o total parcialidad y a una falta crasa de objetividad), y porque no tengo todos los elementos necesarios para poder realizarlo (entiendo que otros si disponen de la información necesaria para emitir un juicio ponderado y justo sobre las intenciones, motivaciones y decisiones que se tomaron en el pasado respecto a este tema, aunque seguiré teniendo mis dudas sobre si esos juicios se corresponden con la realidad objetiva).
Quizás algún lector considere esta reflexión como de un simple ejercicio de excesiva prudencia y respeto hacia la confesión religiosa mayoritaria según lo expuesto hasta aquí, ya sea porque son parte afectada o se identifican con el grupo de las víctimas, los abusados sexualmente. Es fácil imaginar, que tales personas tilden a esta reflexión de poco valiente, es decir, carente de objetividad y firmeza. En este caso, permitidme referir unas palabras de Cristo:
“En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿quién es, entonces, mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como los niños, de ningún modo entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. Pero el que haga tropezar [escandalizar] a alguno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno, y que le hundieran en el fondo del mar.” (Mateo 18:1-6).
Me pregunto que pasaría si estos escándalos fueran propios de una comunidad religiosa minoritaria, como por ejemplo, la mía. Si ahora, para algunos de los implicados en este tipo de escándalos, somos secta, entonces, ¿qué seríamos? ¡Mejor no pensarlo!



