13 diciembre 2010

Narnia me hizo llorar... otra vez


Una vez más "Las Crónicas de Narnia" son capaces de hacernos disfrutar de la vida de la fe, un concepto devaluado y mal orientado en la sociedad actual. Devaluado porque el vivir de acuerdo a los principios bíblicos es sinónimo de debilidad o fanatismo para algunos y mal orientado porque la verdadera fe, la bíblica, es la gran desconocida para una gran mayoría de personas.


La tercera entrega de Narnia nos transporta al mundo fantástico creado magistralmente por el Dr. C. S. Lewis, para mostrarnos las vicisitudes y rudimentos de la vida cristiana. Los simbolismos, una vez más, están muy logrados y son capaces de hacernos recordar los grandes principios de la vida de fe que Dios nos presenta en las Escrituras.


Al igual que en nuestro mundo real, el film presenta el antagonismo a Asland (Cristo), por parte de algunos habitantes de Narnia, pasando por la fidelidad de aquellos que lo reconocen y confían en él. Es curioso también como trata el tema de la “conversión” en la persona de Eustace, quien por su avaricia se convierte en un dragón. Será Asland quien, con su poder, transformará a Justas de nuevo en un niño. Esa transformación, aunque dolorosa, es necesaria y deseada por el mismo Eustace, tal y como él reconoce. El nuevo nacimiento del que habló Jesús (ver Juan 3:5-8), implica una transformación de valores, gustos y hábitos, que no están exentos de cierto dolor y sacrificio, pero que siempre produce alegría y paz.


Curioso también resulta el paralelismo que se advierte en la desaparición de las embarcaciones llenas de personas que son engullidas por causa de la niebla densa y tenebrosa. Esa desaparición se me antoja como un símbolo de la muerte, de la cual se retorna gracias al poder de Asland. La niña que pierde a su mama por causa de la niebla es consolada por Lucy, cuando ésta le dice que tenga fe y que volverá a ver a su mamá. Lo mismo nos dice Dios a aquellos que le amamos y que hemos perdido a alguno de nuestros seres queridos: “Los muertos en Cristo resucitarán primero” (1ª Tesalonicenses 4:16), y volverán del reino de la muerte perteneciente a Satanás (ver Apocalipsis 12:9; Hebreos 2:14), que en esta entrega de Narnia aparece como la serpiente marina que custodia a sus esclavos con celo e ira.


Lewis también trata el tema de la tentación de nuevo: la avaricia, por medio del lago que todo lo convierte en oro; el afán irracional de poder, cuando Edmund se enfrenta a Caspian porque no quiere estar sujeto a las decisiones de nadie, o cuando la Bruja le promete a Edmund poder y riquezas; y el caso de Lucy cuando es tentada a ser otra persona más bella y guapa. Este me parece un detalle muy interesante, porque la tentación en este caso es universal. Pocos son los que alguna vez no han querido ser como otra persona, o aún más ser la otra persona. La respuesta de Asland a Lucy me parece genial: “Sin ti, tus hermanos nunca hubieran descubierto Narnia”. Lo mejor es ser uno mismo y querer ser como el modelo por excelencia que nos ha sido dado: Cristo, algo que Lucy termina por aceptar y desear otra vez, y digo otra vez, porque ésta es una opción que debe ser renovada cada día.


La mesa del Señor tiene su contraparte en la mesa de Asland, donde la discordia y las rencillas deben quedar atrás (ver 1ª Corintios 11:23-29). La mesa es el alimento provisto por Cristo para nuestra regeneración espiritual y para dotarnos de su poder (ver Juan 6:53-57). Por medio del pan y del mosto recordamos el cuerpo entregado de Jesús por nosotros y su sangre derramada, así como su segunda venida (ver Mateo 26:29; 1 Corintios 11:26). Este alimento tan especial refrigera nuestras vidas, como refrigeró las vidas de los viajeros del Alba.


Finalmente, me llamó la atención que Asland le dijera a Lucy que él iba a cuidar de ella en el otro mundo (el real), y que en ese mundo él tenía otro nombre. ¿Lo adivinas? Efectivamente, Cristo. Así que toma tu espada de doble filo (ver Hebreos 4:12), y sal a pelear la buena batalla… la de la fe (ver 1ª Timoteo 6:12), porque Asland… perdón Cristo, está contigo (ver Mateo 28:18-20).

1 comentarios:

Anónimo dijo...

no sigo la saga de Narnia pues solo ver la cantidad de monstruos y animales raros que hay echa para atrás.
Yo lo que entiendo es que se basa mucho en mitología romana y griega e incluso otorga a un río poderes sobrenaturales, y no me refiero a la metáfora de rio=gentes sino en plan ANIMISTA.

Sospecho que esos libros no son nada recomendables, sigan leyendo la Biblia y dejen de mitologías