Estrellas
¿Cuántos no son los que en esta vida se dejan deslumbrar por los anhelos de fama y riqueza, por la "gracia" de la popularidad y por la "grandeza" del reconocimiento? Es cierto que muchos se encuentran con todo esto sin buscarlo, y deben aprender a gestionar los cambios que supone el escalafón de la idolatría postmoderna. Pero otros muchos buscan, y trabajan y luchan y se dejan la piel para conseguir el digno y ansiado reconocimiento de una parte de la sociedad (y digo una parte porque ya sabemos que “nunca llueve a gusto de todos”).
La vida es un conjunto de circunstancias y vivencias, y en la continua repetición de esas vivencias uno se levanta con la sensación de que “no hay nada nuevo en mi vida hoy”, tal y como dice la canción “Gone Hollywood” de Supertramp. La falsamente llamada vida de éxito, que exige compromisos, dedicación, atención a los medios y cierto grado de esclavitud a una forma de vida, y lo digo por experiencia propia, no es capaz de llenar los anhelos más profundos del ser humano, por lo menos, los míos. Aparentemente lo hace, y lo hace porque la vorágine de la farándula no te permite darle demasiadas vueltas al verdadero sentido de la vida, no te permite pensar en lo trascendente sino en el próximo compromiso, o en mi trabajo a 2 o 3 años vista. Me explico, no editas un CD que ya debes estar pensando en el próximo. No acabas un concierto que ya tienes en mente el próximo. No terminas de componer una canción, que ya se te exige o te exiges componer otra…
Así es la vida. Sea lo que sea y escojas el camino que escojas siempre exige dedicación y compromiso. La pregunta es si aquello que estoy haciendo es lo que realmente debería estar haciendo. La respuesta es que si eso te hace feliz y además con tu labor haces feliz a otras personas, entonces es lo que debes hacer. Y como esta es la respuesta que todos sabemos dar, intuyo que por esta razón esta sociedad está más pendiente del producto humano que del divino.
Buscamos estrellas, ensalzamos a personas al nivel de las estrellas y convivimos con nuestras estrellas preferidas, lo cual promueve que muchos quieran convertirse en estrellas en el ámbito que sea. Me llama la atención un texto que se encuentra en el libro del profeta Daniel y que me da la clave acerca del verdadero estrellato: “Los hombres sabios, los que guiaron a muchos por el camino recto, brillarán como la bóveda celeste; ¡brillarán para siempre, como las estrellas!” (Daniel 12:3).
Brillar para Cristo es una experiencia radicalmente diferente al hecho de brillar como una estrella del rock o del deporte o de…, en el sentido de que el brillo emitido por el cristiano no tiene la intención de atraer a nadie hacia su persona, sino hacia Dios, de quien recibe el verdadero brillo. Esta clase de estrellato no es mediático (aunque puede llegar a serlo), y desde luego nada glamouroso, pero te aseguro que aquel que decide vivir una experiencia con Dios pocas veces va a decir: “No hay nada nuevo en mi vida hoy”.
Con Dios siempre hay cosas que descubrir, retos que alcanzar, desafíos que lograr, bienes que realizar. En definitiva, siempre hay "piedras" que pulir (nuestros propios caracteres), para que puedan brillar (shine) como las verdaderas estrellas… las creadas por Dios y no por los hombres.
La vida es un conjunto de circunstancias y vivencias, y en la continua repetición de esas vivencias uno se levanta con la sensación de que “no hay nada nuevo en mi vida hoy”, tal y como dice la canción “Gone Hollywood” de Supertramp. La falsamente llamada vida de éxito, que exige compromisos, dedicación, atención a los medios y cierto grado de esclavitud a una forma de vida, y lo digo por experiencia propia, no es capaz de llenar los anhelos más profundos del ser humano, por lo menos, los míos. Aparentemente lo hace, y lo hace porque la vorágine de la farándula no te permite darle demasiadas vueltas al verdadero sentido de la vida, no te permite pensar en lo trascendente sino en el próximo compromiso, o en mi trabajo a 2 o 3 años vista. Me explico, no editas un CD que ya debes estar pensando en el próximo. No acabas un concierto que ya tienes en mente el próximo. No terminas de componer una canción, que ya se te exige o te exiges componer otra…
Así es la vida. Sea lo que sea y escojas el camino que escojas siempre exige dedicación y compromiso. La pregunta es si aquello que estoy haciendo es lo que realmente debería estar haciendo. La respuesta es que si eso te hace feliz y además con tu labor haces feliz a otras personas, entonces es lo que debes hacer. Y como esta es la respuesta que todos sabemos dar, intuyo que por esta razón esta sociedad está más pendiente del producto humano que del divino.
Buscamos estrellas, ensalzamos a personas al nivel de las estrellas y convivimos con nuestras estrellas preferidas, lo cual promueve que muchos quieran convertirse en estrellas en el ámbito que sea. Me llama la atención un texto que se encuentra en el libro del profeta Daniel y que me da la clave acerca del verdadero estrellato: “Los hombres sabios, los que guiaron a muchos por el camino recto, brillarán como la bóveda celeste; ¡brillarán para siempre, como las estrellas!” (Daniel 12:3).
Brillar para Cristo es una experiencia radicalmente diferente al hecho de brillar como una estrella del rock o del deporte o de…, en el sentido de que el brillo emitido por el cristiano no tiene la intención de atraer a nadie hacia su persona, sino hacia Dios, de quien recibe el verdadero brillo. Esta clase de estrellato no es mediático (aunque puede llegar a serlo), y desde luego nada glamouroso, pero te aseguro que aquel que decide vivir una experiencia con Dios pocas veces va a decir: “No hay nada nuevo en mi vida hoy”.
Con Dios siempre hay cosas que descubrir, retos que alcanzar, desafíos que lograr, bienes que realizar. En definitiva, siempre hay "piedras" que pulir (nuestros propios caracteres), para que puedan brillar (shine) como las verdaderas estrellas… las creadas por Dios y no por los hombres.


1 comentarios:
Inspiradora reflexión, Jónatan. Cuando uno ha tenido el corazón lleno de intereses sin sustancia y los abandona, ha de llenarlo con algo que sea de verdadero interés. Porque si no, puede pasarle como al endemoniado de la parábola de Jesús, que se libra de un espíritu malo, y lo único que hace es dejar la casa bien barrida para que entren otros siete.
Si queremos estrellas... "Jesucristo Superstar". Abrazos, y gracias.
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