31 diciembre 2009

Aproximaciones a leyes dominicales


En Alemania se aprobó e 2006 una ley que obligaba a los comercios a cerrar en domingo, salvando 10 domingos anuales, en los que los negocios podían permanecer abiertos. Este "permiso" incluía los cuatro domingos anteriores a Navidad, para aprovechar las fechas y sus ventas.

Esto no agradó, lógicamente, a la Iglesia Católica Romana, quien se hizo oír ante el tribunal supremo de Alemania. Siendo que la Iglesia Católica en Alemania tiene menos apoyo social que, por ejemplo, en España o Italia, echó mano de la Iglesia Luterana. Esto ya de por sí es noticia, que ambas iglesias se hayan unido para revocar la ley que permitía abrir los negocios diez domingos al mes. Ecuménicamente hablando, es muy notable este gesto de sinergia ante un estado y su legislación.

El resultado de este "lobby" católico-luterano ha tenido sus frutos, como se anuncia en el diario Deutsche Welle: "El tribunal supremo reafirma la prohibición de comprar en domingo". Esta nueva ley prohíbe comprar en domingo, indicando que se reconocen el domingo y los días festivos públicos como días "para el descanso laboral y de refrigerio espiritual".

La carta magna de Alemania (Constitución de Weimar de 1919) recoge en su artículo 139 la protección del domingo. Por lo tanto, la "ley dominical" está desde esa fecha, lo que ha hecho el tribunal supremo actual ha sido "aplicar" esa ley declarando inconstitucional el abrir en domingo, aunque sean unos pocos días al año.

Este tipo de noticias nos hacen ver el lento pero seguro avance hacia un nuevo sistema religioso impuesto legalmente, cada vez en más lugares. Para saber más sobre la importancia de esta noticia, clic aquí.

29 diciembre 2009

Gripe A: El éxito del fracaso


Acabo de leer la noticia en 20 Minutos con el siguiente titular: "Fracaso de la campaña contra la gripe A: Sobran el 90% de las vacunas".

Por supuesto, estamos hablando de España, en este caso concreto. Según este rotativo, España adquirió 37 millones de dosis (Fuente: El País) de vacunas contra la gripe A. Desde el inicio de la campaña de vacunación, apenas se han utilizado dos millones. Al final de la campaña, se calcula se habrán utilizado tres millones de dosis. Esto implica que sobran unos 34 millones. Ahora está buscando la manera de poder devolver las dosis sobrantes de la dichosa vacuna (ver artículo en diario El Mundo).

Este "fracaso" ha sido todo un éxito para alguna farmacéutica en Europa. Ha vendido más millones de vacunas de las que se necesitan, al menos en España y Alemania. En este blog, nos hicimos eco de la "emergencia" apenas comenzó el virus a expandirse por México. "Picamos" el anzuelo en cierta medida con nuestro artículo "Gripe porcina, se repite la historia de 1918". Aunque no se dio nada por hecho, dando lugar a la duda quedamos a la expectativa para ver cómo evolucionarían los eventos, nos hicimos cómplices en cierto grado por el mero hecho de dar cabida esa duda. Disculpas desde aquí y para todos.

No obstante, enseguida nos hicimos eco del engaño, en el artículo "El síndrome del apocalíptico (o el virus AH1N1)", seguido de "La pandemia de Muzak" y "¿Vacunarse o no vacunarse? Esa es la cuestión".

Ya no es necesario vacunar a muchos ciudadanos, porque muchos ya han pasado la gripe, y probablemente una gran mayoría ni sepa que ha pasado la Gripe A, pensando que era una gripe común aunque algo más pesada.

Ahora el escándalo es tan estrepitoso como el ruido que hace el dinero en el bolsillo de algunos políticos americanos y unos cuantos farmacéuticos que no llevan bata blanca. Yo mismo he pasado la gripe A, esa ha sido mi vacuna, junto con mi esposa e hijos, salvo algún caso excepcional, esta gripe ha causado menos víctimas que la gripe estacionaria. Pero mi reflexión no va por ese camino, sino por el de la manipulación informativa y de las masas. ¿Dónde está el límite? Dios ha puesto límites al ser humano, a ver cuándo los alcanzamos, esta noticia nos indica que el descaro es cada vez mayor.

21 diciembre 2009

Copenhague se descongela


Mientras Europa sufre una ola de frío siberiano que causa una cuarentena larga de víctimas, Copenhague es testigo del estrepitoso descalabro de la cumbre mundial contra el cambio climático.

China y Estados Unidos han protagonizado un enfrentamiento dialéctico muy sonado, tan sonado como el estruendo producido por dos colosos que se estrellan. Si no se estrellan ahora, es cuestión de tiempo (¿décadas?) que lo hagan.

Hoy he recibido con algo de retraso la revista TIME del 14 de diciembre y no he podido resistir la tentación de sobrevolar sus páginas con cierta ansia. En la página 42 se nos obsequia con un "educado" artículo que parece justificar el fracaso de ka cumbre señalando que la solución al problema es más costosa que el mal en sí, proponiendo una solución que pasa por investigar en baterías más eficaces y la fusión.

No voy a entrar en este berenjenal, no es mi campo. Lo que me llama la atención se encuentra en la misma revista, entre las páginas 38 y 41, donde se encuentra un extenso artículo que recoge la amenaza del deshielo de los glaciares del Himalaya y sus terribles consecuencias.

Los glaciares del Himalaya son la fuente de agua para el más extenso sistema fluvial del que dependen 3.000.000.000 personas, i.e. la mitad de la humanidad.

Los efectos del cambio climático ya están acelerando el deshielo de estos glaciares, el retroceso es evaluable y visible comparando fotografías actuales con las tomadas unas décadas atrás.

China, el país que menos ha "cooperado" en Copenhague, es uno de los que más sufrirá las consecuencias del deshielo del Himalaya. La falta de agua destruirá campos de regadío, provocando en pocas décadas una crisis agrícola, y por lo tanto, alimentaria y humanitaria, aunque la peor parte la llevará la India y la zona sur de la cordillera más alta del mundo.

¿Hasta dónde llegará la incongruencia y el egoísmo del ser humano? Muy probablemente hasta que necesitemos una ayuda sobrehumana.

Mientras, dejo registro de lo oído en diversos noticieros, despedimos la década más calurosa de la historia, al menos de las que se tiene registro.

Mientras los corazones se congelan con la ola de frío siberiano, el ambiente se calienta, y yo miro hacia otro lado... hacia arriba en concreto...

Objetivo, estrategia y resultado

¡Seis de seis! Lo que ha hecho el Barça sólo ocurre una vez en la vida. Es insuperable, y lo es porque no hay más títulos que ganar. Han tocado el cielo. Han ido de más a más: Copa, Liga, Champions, Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundial de Clubs. ¿Cómo lo han conseguido? ¿Suerte o estrategia? Ambas cosas, pero, fundamentalmente, estrategia. Es cierto que la suerte juega un papel importante en todo juego, así como la mala suerte. Pero seis títulos no son fruto simplemente de la suerte, sino de la persistencia, de la perseverancia, del talento, de la unidad y de la estrategia.

El Barça de Guardiola sabe a lo que juega: controlar el balón y buscar la portería contraría desde el primer minuto hasta el último. Indiscutiblemente si a esto le añades talento, no es difícil averiguar como han conseguido los seis títulos en juego.


Este Barça me ha inspirado muchas ilustraciones a lo largo de este año y medio (que conste en acta que si hubiera sido otro equipo también lo hubiera utilizado a modo de ilustración). Del mismo modo, el atletismo, que no el Barça, inspiró al apóstol Pablo a escribir alguna que otra verdad como, por ejemplo, la siguiente:


“Sabéis que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corred de tal modo que recibáis el premio. Los que se entrenan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y lo hacen para alcanzar como premio una corona de hojas de laurel, que enseguida se marchita. Nosotros en cambio, luchamos por recibir un premio que no se marchita. En cuanto a mi, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros.” (1ª Corintios 9:24-27, versión DHH).


Hay muchas cosas a resaltar en estos textos, pero me quedo con una: objetivo y estrategia. Permitidme que haga, no una aplicación personal o individual, sino una corporativa. La misión de la iglesia, el conjunto de creyentes, es, especialmente, una: la predicación del evangelio. Y no hay mayor predicación que la propia vivencia personal del evangelio. Por otro lado, la estrategia para poder cumplir con este glorioso objetivo está perfectamente delimitada en las Escrituras.


Si el objetivo está claro y se sigue la estrategia bíblica, el resultado no puede ser otro que la victoria, tanto a nivel personal como eclesiástico. Y todo esto se resume en una frase inspirada: “apresurar la venida del día de Dios” (2ª Pedro 3:12). El resultado de tener claro el objetivo y seguir la estrategia divina, en este tiempo del fin, es inequívocamente, no sólo esperar, sino apresurar la venida de Cristo.


Podríamos decir, y no nos equivocaríamos, que la iglesia de Dios, está jugando la final, el último título que queda por conseguir, y yo me pregunto si tenemos clara, no ya el objetivo o la estrategia, sino el resultado que producirá la correcta aplicación del objetivo y la estrategia. En otras palabras, ¿sabemos a lo que estamos jugando?, ¿tenemos una clara noción de lo que está en juego?, ¿tenemos claras cuáles son las ordenes del entrenador?, ¿anhelamos recibir el galardón?


Los despistes de posición en el terreno de juego, la mala interpretación de las órdenes del entrenador, el individualismo y los malos rollos en el vestuario no pueden producir nunca buenos resultados en ningún equipo que aspire a conseguir títulos. Del mismo modo, los despistes doctrinales y el hecho de sobredimensionar ciertos matices de ciertas doctrinas con el fin de desacreditar otros puntos de vista, las interpretaciones fantasiosas y ficticias de las Escrituras, los individualismos en el liderazgo y los malos rollos en la iglesia y los consejos locales nos siguen manteniendo en esta tierra. No lo digo yo, lo dice el Entrenador por medio de su vocal: “La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años.” (MS-1, 78).


Estamos, por así decirlo, en el minuto 165 de partido, y ahora más que nunca se hace necesario mantener la posición en el terreno de juego, y seguir la estrategia para conseguir el resultado esperado: asegurar nuestra salvación personal y apresurar la segunda venida de Cristo. De nuevo tengo que decir que no son mis palabras sino las del Entrenador: “Mediante la proclamación del Evangelio al mundo, está a nuestro alcance apresurar la venida de nuestro Señor. No sólo hemos de esperar la venida del día de Dios, sino apresurarla (2ª P. 3:12).” (DTG, 587).


Por cierto, ¡felices fiestas y feliz minuto 166!, o lo que es lo mismo, ¡feliz 2010!

11 diciembre 2009

Gritos de amor

Cuando Cristo regrese al mundo, éste será dividido en dos bandos (ver Mateo 25:31-41), y eso no ocurrirá por la inalterable decisión de Dios, sino por la propia decisión de cada ser humano. El estar en un bando o en otro marca una gran diferencia y define perfectamente nuestra elección: la vida eterna o la muerte eterna. Cristo lo dijo en repetidas ocasiones. El Nuevo Testamento abunda en declaraciones del juicio final para bien (ver p. e. Mateo 25:21; Lucas 12:32; 2ª Timoteo 4:8), y para mal (ver p. e. Mateo 7:21-23; 13:41, 42; Juan 5:29; Hebreos 12:25, 28-29). Apocalipsis es claro en cuanto a los juicios de Dios, tanto los de absolución como los de condenación. Los textos no dan lugar a un posible error de interpretación, aunque para algunos, ciertos pasajes, especialmente del Antiguo Testamento, relacionados con los episodios de juicios divinos ejecutivos punitivos, puedan generarles algún que otro problema.

Es cierto que la cultura hebrea creía que tanto lo bueno como lo malo procedía de Dios. Lo bueno, evidentemente siempre viene de lo alto (ver Santiago 1:17). Pero lo malo no viene de un Dios bueno. Cuando hablamos de lo malo, decimos que Dios permite que eso suceda, como por ejemplo las serpientes que muerden al pueblo de Israel (ver Números 21:4-9), las conquistas que el pueblo de Dios sufría a manos de sus enemigos (ver p.e.: Deuteronomio 28:47-51; Jeremías 25:11), etc. Estas cosas tenían un porqué; el pueblo se apartaba de Dios y Dios retiraba su protección para hacerles ver que sin él eran totalmente vulnerables.

Pero, ¿qué sucede cuándo parece que Dios interviene directamente en la muerte de una o varias personas o manda matar a un pueblo entero? Desde el diluvio universal (ver Génesis 6:5, 11-14), pasando por la muerte de todo primogénito en Egipto (ver Éxodo 12:29), y por la fulminante ejecución de los hijos de Aarón (ver Levítico 10:1, 2), y por la matanza del príncipe de Israel alanceado mientras copulaba con una mujer amalecita (ver Números 25:6-8), o el exterminio del pueblo amalecita (ver Números 31:1-20), sin olvidar al hombre que fue a recoger leña en sábado (ver Números 15:32-36), ni a los que adoraron al becerro y no se arrepintieron (ver Éxodo 32: 25-29), el temerario Uza (ver 2ª Samuel 6:6-8), los adolescentes que se burlaron de Eliseo y que fueron devorados por osos (ver 2ª Reyes 2:23, 24), hasta Ananías y Safira (ver Hechos 5:1-11), configuran una serie de relatos por demás impactantes e inquietantes.

Siempre me he preguntado porqué Dios ha revelado estos episodios con tanta claridad. Señor si tu eres amor, y no lo pongo en duda, ¿porqué has permitido que estos pasajes fueran escritos y desvelaran acontecimientos oscuros que pueden dar pie a malinterpretar tu carácter? La respuesta es sencilla: Si Dios no ha querido esconder estos textos es porque cree que son necesarios para que podamos tener una idea clara de su carácter. A Dios no se lo malinterpreta por estos pasajes. Y quien lo haga es que no ha visto el cuadro completo que está saturado por la muerte de Cristo en la cruz. Dios no quiere que lo vean como un Dios sanguinario y justiciero. Si realmente lo fuera, ya nos hubiera eliminado hace siglos. Pero Dios tampoco quiere que lo veamos como a un anciano tontorrón al que se le toma el pelo fácilmente. Y lo más paradójico de todo esto es que Cristo fue tratado sanguinariamente por salvarnos a nosotros, y que Dios el Padre, cual anciano indefenso (que no lo es en absoluto), no hizo nada para evitar la muerte de su Hijo porque, de lo contrario, no hubiéramos tenido ninguna opción de salvación.

Dios es amor, pero no es tonto ni ciego. Y como Dios es amor, tiene que actuar drásticamente para preservar el amor y la armonía. La obra de destrucción es una extraña obra para Dios (ver Isaías 28:11). Pero por extraña que sea para él, no la rehuye, porque a menudo ha sido y será inevitable ejercerla. Él siempre pone ante nosotros la advertencia que siempre ha caracterizado el mensaje de Dios: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19). La vida y la muerte, la justicia y el pecado, siempre contrapuestos aparecen continuamente en toda la Biblia. Y Dios grita y grita y grita al ser humano advirtiéndole para que vuelva a Él, para que abandone el pecado, para que sepa ver la realidad que le envuelve y de la que forma parte. Grita, y grita, y grita…

Dios no quiere que olvidemos que la paga del pecado es la muerte (ver Romanos 6:23) . Y que él, en ocasiones puntuales, ha adelantado el salario de la muerte en aquellos que lejos de arrepentirse iban a hundirse más y más en la impenitencia y el pecado. Y esta verdad queda claramente expuesta en el libro de Apocalipsis. Antes que Cristo regrese en gloria y majestad, y el mundo quede dividido en dos bandos, uno para vida y otro para muerte, Cristo dirá: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:11). Esta declaración significa que no habrá nada más que pueda ser hecho en favor de aquellos que no quieran aceptar el perdón de Dios. A pesar de los ruegos, las súplicas, los gritos de advertencia, muchos permanecerán sordos a su amor, como sucedió antaño.

Cristo vino a buscar y a salvar a los pecadores (ver Lucas 19:10). Por eso Cristo intercede hoy por la raza pecadora (ver p.e.: Hebreos 4:14-16), y Cristo sigue llamando al ser humano al arrepentimiento (ver Romanos 2:4; Apocalipsis 3:19), es decir, a que tenga una relación de amor y amistad que genera vida y que nos cura de aquello que produce la muerte, el pecado. Y esto siempre fue así, incluso en aquellos que cayeron fulminados por el dedo de Dios. Aquellos a quienes Dios había estado gritando y gritando y gritando... No es que Dios los amara menos, no es que Dios tuviera un mal día, no es que Dios sea malinterpretado por el escritor bíblico acerca de lo que “en realidad no hizo”, porque él si lo hizo. Más bien es que Dios, conociendo los corazones de los hombres y después de haberles gritado y gritado y gritado, adelanta el salario del pecado para preservar el amor y la justicia, la paz y la armonía. Hubo una mujer, prostituta ella, llamada Rahab que fue capaz de escuchar el grito en ocasiones, y siempre el susurro de Dios (Hebreos 11:31). Su fe condenó a toda una generación de conciudadanos que no quisieron hacer lo que pudieron haber hecho: arrepentirse y aceptar al Señor. Eso fue, ni más ni menos, lo que hizo Rahab.

Estamos en el mes de las pagas extras, quien las tenga. No olvidemos, por tanto, que la segunda venida de Cristo es la “paga extra” más increíble que alguna vez recibiremos. Y no olvidemos que si esta paga todavía no ha sido una realidad es porque Dios nos ama tanto que quiere vernos vivos a su lado por toda la eternidad. Por eso Dios continua gritando a esta humanidad desorientada y maltrecha, por eso Dios continua gritándonos y advirtiéndonos, diciendo: “¡¡Vuélvete a mi, porque yo te redimí!!” (Isaías 44:22).

Si, Dios sigue gritando, susurrando, llamando… ¿puedes escucharlo?