¡Seis de seis! Lo que ha hecho el Barça sólo ocurre una vez en la vida. Es insuperable, y lo es porque no hay más títulos que ganar. Han tocado el cielo. Han ido de más a más: Copa, Liga, Champions, Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundial de Clubs. ¿Cómo lo han conseguido? ¿Suerte o estrategia? Ambas cosas, pero, fundamentalmente, estrategia. Es cierto que la suerte juega un papel importante en todo juego, así como la mala suerte. Pero seis títulos no son fruto simplemente de la suerte, sino de la persistencia, de la perseverancia, del talento, de la unidad y de la estrategia.
El Barça de Guardiola sabe a lo que juega: controlar el balón y buscar la portería contraría desde el primer minuto hasta el último. Indiscutiblemente si a esto le añades talento, no es difícil averiguar como han conseguido los seis títulos en juego.
Este Barça me ha inspirado muchas ilustraciones a lo largo de este año y medio (que conste en acta que si hubiera sido otro equipo también lo hubiera utilizado a modo de ilustración). Del mismo modo, el atletismo, que no el Barça, inspiró al apóstol Pablo a escribir alguna que otra verdad como, por ejemplo, la siguiente:
“Sabéis que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corred de tal modo que recibáis el premio. Los que se entrenan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y lo hacen para alcanzar como premio una corona de hojas de laurel, que enseguida se marchita. Nosotros en cambio, luchamos por recibir un premio que no se marchita. En cuanto a mi, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros.” (1ª Corintios 9:24-27, versión DHH).
Hay muchas cosas a resaltar en estos textos, pero me quedo con una: objetivo y estrategia. Permitidme que haga, no una aplicación personal o individ
ual, sino una corporativa. La misión de la iglesia, el conjunto de creyentes, es, especialmente, una: la predicación del evangelio. Y no hay mayor predicación que la propia vivencia personal del evangelio. Por otro lado, la estrategia para poder cumplir con este glorioso objetivo está perfectamente delimitada en las Escrituras.
Si el objetivo está claro y se sigue la estrategia bíblica, el resultado no puede ser otro que la victoria, tanto a nivel personal como eclesiástico. Y todo esto se resume en una frase inspirada: “apresurar la venida del día de Dios” (2ª Pedro 3:12). El resultado de tener claro el objetivo y seguir la estrategia divina, en este tiempo del fin, es inequívocamente, no sólo esperar, sino apresurar la venida de Cristo.
Podríamos decir, y no nos equivocaríamos, que la iglesia de Dios, está jugando la final, el último título que queda por conseguir, y yo me pregunto si tenemos clara, no ya el objetivo o la estrategia, sino el resultado que producirá la correcta aplicación del objetivo y la estrategia. En otras palabras, ¿sabemos a lo que estamos jugando?, ¿tenemos una clara noción de lo que está en juego?, ¿tenemos claras cuáles son las ordenes del entrenador?, ¿anhelamos recibir el galardón?
Los despistes de posición en el terreno de juego, la mala interpretación
de las órdenes del entrenador, el individualismo y los malos rollos en el vestuario no pueden producir nunca buenos resultados en ningún equipo que aspire a conseguir títulos. Del mismo modo, los despistes doctrinales y el hecho de sobredimensionar ciertos matices de ciertas doctrinas con el fin de desacreditar otros puntos de vista, las interpretaciones fantasiosas y ficticias de las Escrituras, los individualismos en el liderazgo y los malos rollos en la iglesia y los consejos locales nos siguen manteniendo en esta tierra. No lo digo yo, lo dice el Entrenador por medio de su vocal: “La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años.” (MS-1, 78).
Estamos, por así decirlo, en el minuto 165 de partido, y ahora más que nunca se hace necesario mantener la posición en el terreno de juego, y seguir la estrategia para conseguir el resultado esperado: asegurar nuestra salvación personal y apresurar la segunda venida de Cristo. De nuevo tengo que decir que no son mis palabras sino las del Entrenador: “Mediante la proclamación del Evangelio al mundo, está a nuestro alcance apresurar la venida de nuestro Señor. No sólo hemos de esperar la venida del día de Dios, sino apresurarla (2ª P. 3:12).” (DTG, 587).
Por cierto, ¡felices fiestas y feliz minuto 166!, o lo que es lo mismo, ¡feliz 2010!