Vender la verdad
“Compra la verdad, y no la vendas”, dice el proverbio bíblico (23:23). Y, ¿qué es la verdad? Para un cristiano la verdad es Cristo y Su verdad está revelada en la Palabra de Dios (ver Juan 17:17). Pablo dirá que toda la Escritura, y no alguna parte, es inspirada por Dios (ver 2ª Timoteo 3:16). Por tanto, la Escritura es la revelación genuina y auténtica del plan de salvación y todo aquello que está involucrado en ese plan: creación, patriarcas, liberación de Egipto, monarquías, cautiverios, profetas, Cristo, apóstoles, profecía y revelaciones.
La Escritura es, por tanto, la Palabra de Dios. No simplemente la contiene, sino que es. Pero a pesar de tener a nuestro alcance declaraciones tan definitorias e intencionadas como las expresadas anteriormente, todavía existen cristianos que en lugar de gestionar correctamente la verdad un día “comprada”, en el sentido, de vender todas las ideas preconcebidas acerca de la verdad (ver Mateo 13:44), lo que hacen es todo lo contrario que Dios quisiera que hicieran, la venden.
Y, ¿cómo se puede vender la verdad? Muy fácil. Llegamos a vender la verdad cuando nos avergonzamos del evangelio, es decir, de dar testimonio de nuestro Dios y de nuestra fe. Vendemos la verdad cuando no la vivimos. Y también vendemos la verdad cuando, en aras de complacer ideas contrarias a la Palabra de Dios, no aliamos con ellas. Un ejemplo sencillo para entender este punto sería el hecho de negar todo acontecimiento sobrenatural expresado en la Biblia, dándoles una explicación no sobrenatural.
Una de las muchas cosas que llaman la atención cuando uno se acerca a la Biblia es que a menudo se relatan hechos sorprendentes que algunos tildan de improbables o ficticios. Algunos ejemplos de ello son:
- La creación del mundo en siete días literales (Génesis 1).
- El diluvio universal (Génesis 7, 8).
- La zarza que ardía y no se consumía (Éxodo 3:1-3).
- Las plagas de Egipto (Éxodo 7:14-12:51).
- La división del mar Rojo (Éxodo 14).
- La división del río Jordán (Josué 3, 4).
- El día en que la tierra dejó de rotar sobre su propio eje (Josué 10:12-14).
- Las resurrecciones (p.e.: 1ª Reyes 17: 17-24; Lucas 7:11-17).
- El horno de fuego y los tres amigos de Daniel (Daniel 3).
- Los milagros de Jesús (p.e.: Mateo 9:1-8).
El seminario de Tubinga, años ha, marcó escuela y un camino a seguir poco aconsejable en cuanto a la interpretación de algunos pasajes con un alto contenido sobrenatural. Ese camino es seguido por muchos que parece no se dan cuenta que el precio a pagar es muy alto, demasiado alto diría yo. Tan alto que exige vender la verdad. Tubinga & Co. (léase Baur, Wellhaussen, etc.) vendieron descaradamente la verdad cuando negaba todo hecho sobrenatural, incluso la misma inspiración del profeta. Tristemente ese camino te lleva a desvirtuar la Palabra de Dios, y a reinterpretarla para hacerle decir todo lo contrario de lo que, finalmente, Dios dijo y sigue diciendo.
No, el problema no está (permitidme la ironía) en el profeta “palurdo” de turno que no se enteraba de la misa la mitad y, por eso, escribía lo que no tocaba escribir . Es cierto que el profeta escribe limitado por su época y circunstancias, pero no es menos cierto que los profetas tuvieron la oportunidad de ver y presenciar cosas que exceden a nuestro conocimiento. La solución no pasa por negar esos hechos sobrenaturales que escapan a nuestra comprensión, sino aceptar un: “Así dice Yahweh”, nos guste o no nos guste, lo entienda o no lo entienda.
Cuando Jesús vuelva, va a pedirnos cuenta de nuestra mayordomía: talentos, tesoros, tiempo y testificación de la verdad. Me pregunto, ¿qué respuesta le daré cuando me pida cuenta de mi testimonio? ¿Qué hiciste con el don del habla que te di? ¿Qué testimonio diste acerca de mi Palabra? Eso dependerá de lo que ahora esté propagando a los cuatro vientos, y tan sólo hay dos opciones: gestionar la verdad comprada en verdad, o vender la verdad.
¿Dónde estás tú? Espero que no aceptando y haciendo tuyas historias que cuestionan la veracidad de Dios, y si recibiendo la Palabra y predicándola en “espíritu y en verdad”.







