e-cumenismo o ser-vilismo
Es curioso como van cambiando las cosas, o mejor dicho como van evolucionando hacia nuevas estrategias. Y esto es cierto especialmente cuando hablamos del catolicismo, porque cuando revisamos la estrategia de la curia romana no podemos hablar de cambios (por el principio de infalibilidad papal), sino de evolución (cierto en todos los sentidos: el bíblico, en cuanto al evolucionismo vs. el creacionismo, y el político-religioso, en cuanto al ecumenismo).El ecumenismo religioso es una estrategia bien diseñada y pensada para aglutinar a todas las confesiones religiosas cristianas bajo el seno de la Santa Madre Iglesia, entiéndase, la Iglesia Católica. Este nuevo planteamiento según el cual el catolicismo dejaba de tildar de “herejes” a los “otros” cristianos para llamarlos “hermanos separados”, pretende unirnos en puntos comunes de doctrina con la finalidad de que los puntos doctrinales no comunes sean considerados no ya como principios, sino más bien como meras formas litúrgicas particulares de cada denominación. Es sorprendente comprobar como esta estrategia papal no busca la verdad tal cual es en Cristo, sino que busca imponer sutilmente sus "verdades", sus "visiones" y sus tradiciones sin base bíblica.
Los principios católicos del ecumenismo fueron formulados por el Concilio Vaticano II en 1964. Se pueden resumir en tres:
1. Cristo estableció su Iglesia sobre los Apóstoles y sus sucesores apostólicos, cuya cabeza visible y principio de unidad es Pedro y sus sucesores, los obispos de Roma.
2. Desde el primer siglo han existido divisiones entre los cristianos pero estos son en algún grado miembros de la Iglesia aunque no estén en comunión plena con ella. Poseen en diferentes grados la plenitud de gracia disponible en la Iglesia Católica.
3. Los católicos deben hacer todo lo posible para fomentar el movimiento ecuménico dentro de la verdad.
Sobre el primer principio ecuménico católico decir que Cristo estableció su iglesia sobre sí mismo, es decir, sobre la Roca (ver Mateo 16:18), la cual siempre es Cristo (ver 1ª Corintios, 10:4; Cf. Deuteronomio 32:4), y nunca Pedro, nombre que significa “piedra”. Los “sucesores” de Cristo, es decir su vicario, es uno, el Espíritu Santo (ver Juan 16:7-15). Los creyentes somos todos “real sacerdocio” como establece el mismo apóstol Pedro (ver 1 ª Pedro 2:9), y por tanto, sucesores, representantes de Cristo y embajadores de reconciliación (ver 2ª Corintios 5:17-21) quienes servimos en distintas funciones y responsabilidades.
Respecto al segundo principio, debo matizar que personalmente me considero cristiano y poseedor de la única gracia necesaria para alcanzar la salvación, la de Dios (ver Efesios 2:8; Tito 2:11). La iglesia de Cristo es “columna y baluarte de la verdad” (ver 1ª Timoteo 3:15). La iglesia, por tanto, es una entidad de origen divino que está asentada sobre Cristo y sobre su Palabra. Tengo serias dudas, por no decir, serias evidencias de que el catolicismo, como institución, cumpla con estos requisitos.
En el tercer principio estamos de acuerdo. Pero, ¿la oración de Cristo buscaba una unidad en el error o en la verdad? Cristo siempre se sometió al Padre. Su voluntad era hacer la volu
ntad del Padre y su vida fue una vida de completa y continua obediencia a la voluntad del Padre. Cuando él oró por la unidad de sus discípulos y de todos aquellos que creerían en él por la palabra de ellos, oraba para que estuvieran unidos en amor y en verdad: "Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad" (Juan 17:17). Cristo jamás fomentó el error ni el engaño, y por tanto no pide jamás que nadie sea uno bajo su nombre en el error. Hacer esto sería honrar su nombre en vano (ver Mateo 15:9). La pregunta ahora es: ¿las iglesias deben buscar la unidad en el error o en la verdad bíblica?La actual división entre cristianos, según el anterior papa, «constituye motivo de "escándalo" para el mundo y de "daño" para la predicación del Evangelio». Esta visión particular de la “divisón”, sigue siendo sostenida por Benedicto XVI, y cada vez más por muchos otros cristianos de distintas denominaciones cristianas que parecen no darse cuenta de la falacia de semejante declaración. El verdadero escándalo consiste en hacer decir a Cristo lo que él nunca dice. Por tanto, el error doctrinal y la mentira constituyen, no ya un escándalo, sino una abominación para Dios de graves consecuencias (ver Éxodo 23:7; Apocalipsis 22:15).
Algo me dice (¿o debería decir "alguien"? Ver la parte final del artículo "Reciprocidad o libertad religiosa"), que esta estrategia tiene como finalidad dejar en mal lugar a aquel que no quiere entrar en este juego. Antes eran ellos los que excluían, perseguían y execraban a todo aquel que no quisiera someterse a sus postulados. Ahora la cosa es muy diferente. Somos aquellos que no queremos entrar en el juego los que nos colocamos como censores, acusadores y malos cristianos por no querer responder, según ellos dicen, a la oración de Jesús de que todos sean uno, es decir, todos los cristianos. La formulación del problema debería ser distinta porque la cuestión no es tanto, o mejor dicho, en absoluto, que algunos no quieran responder a la oración de Jesús de que todos seamos uno, sino más bien el problema reside en el hecho de que algunos no quieren someterse a sus principios ecuménicos erráticos.
Respeto y tolerancia para todos los cristianos siempre, ayer hoy y mañana, ¡siempre!, incluso para aquellos que queriendo vivir la verdad sin traicionar sus conciencias quieran vivir al margen de “la conciencia ecuménica vaticana” que más que ensalzar la Verdad de Cristo, ensalza a la “Madre Iglesia”.

















