Mi sábado, mi momento de la eternidad
Debo reconocer que me gustan las canciones melancólicas. Me agradan los tonos que te hacen reflexionar y que te transportan a experimentar sensaciones agradables porque te motivan a recordar las cosas que más te agradan. Aunque la canción de hoy habla de alguien que recuerda “su diciembre”, un momento especial del año donde la tristeza inunda la vida por el recuerdo de aquel o aquellos que ya no están, a mi me sugiere sensaciones diferentes.Efectivamente, la música tiene la capacidad de hacernos experimentar agradables sensaciones asociadas a nuestro pasado más lejano o más reciente. Como dijera Jorge Manrique “a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor”. Y eso es cierto, especialmente, cuando volvemos a escuchar canciones preferidas que nos hacen recordar experiencias agradables. Particularmente, la canción "My december" no me transporta necesariamente a mi pasado. Y no lo hace porque este tema ha sido un descubrimiento reciente. De aquí a unos años, posiblemente, la canción “My december” estará asociada a ciertas vivencias y experiencias que me transportarán a mi pasado haciéndome recordar, espero, lo bueno. Pero, hoy por hoy, si puedo decir que la canción en cuestión me transporta al futuro, y no al próximo “diciembre” precisamente, sino al próximo sábado y, por tanto, a la eternidad. En este caso, pues, “a mi parecer, cualquier tiempo futuro será mejor”.
La Escritura nos presenta el día del sábado no solamente como un día de descanso laboral, de liberación y de adoración. También nos dice en la carta a los Hebreos que el sábado se convierte en un símbolo del descanso de la tentación, del pecado y de la muerte. El reposo sabático semanal de Dios está conectado a “mi reposo” (Hebreos 4:3), es decir, a la vida eterna, esa vida que se mide con la vida de Dios. Una vida, por cierto, libre de problemas y angustias.
Ese es el verdadero “momento" eterno que el Señor quiere que todos experimentemos mientras seguimos peregrinando por estos mundos maltrechos. Y ese "momento" tan especial se vive cuando por la fe nos acordamos del sábado para santificarlo (vivirlo de manera especial), es decir, cuando descansamos de nuestras tareas cotidianas y cuando dedicamos un día a contemplar lo que el Señor hizo, hace y hará por cada uno de aquellos que experimenten el reposo del sábado.
Cuando entendí la verdad acerca del reposo sabático, empecé a experimentar aquella fantástica promesa registrada en el libro de Isaías. Dios “me hizo subir sobre las alturas de la tierra y me alimentó con la heredad de Jacob” (Isaías 58:14). Eso no es otra cosa que vislumbrar y experimentar la eternidad en ese mundo nuevo donde “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4). Ningún día como el sábado para recordarnos lo que Dios no quiere que olvidemos nunca: ¡Lo mejor está por venir!
No dejes de perder la gran bendición que entraña el reposo sabático. Limítate a reposar en Cristo, en considerarle a él, en deleitarte en su amor por ti, en fortalecerte por medio de sus promesas y en crecer en él por medio de la adoración, y mientras oras en la intimidad de tu hogar el viernes al atardecer o en la noche, en esas primeras horas del sábado, levanta tu cabeza , mira al cielo y piensa en la gran verdad de saber que lo mejor está por llegar siempre. El sábado, mi sábado, “mi día santo” (Isaías 58:13), me sigue recordando que aquel "momento" futuro será incomparablemente mejor.

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