Domingo... ¡A la carga!
El protestantismo, históricamente, nunca ha aceptado la inclusión de los libros apócrifos (deuterocanónicos para el catolicismo), en el canon del Antiguo Testamento, a saber, Tobías, Judit, 1º y 2º de Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y los añadidos a Ester y Daniel. A estos siete libros y añadidos, el catolicismo los considera tan canónicos, es decir, tan inspirados como el resto de 39 libros que conformaban las Escrituras que podían leerse en la época de Jesús.Todos fueron incluidos en el canon del Antiguo Testamento durante la tercera sesión del primer período del Concilio de Trento, concretamente el 4 de febrero de 1546. La inclusión de estos libros parece responder a un estrategia para justificar lo injustificable: la inmortalidad del alma, es decir la inmortalidad de la vida o de la persona. Ante la carencia de argumentos teológicos para sostener la doctrina dualista resolvieron incluir los mencionados libros no inspirados que contienen claras alusiones a la inmortalidad del alma y que contradecían abiertamente al canon hasta aquel momento establecido, canon que el mundo protestante creo que siguen respetando (y digo creo porque recientemente ha sido editada una Biblia Interconfesional (BTI), que incluye los apócrifos, bajo el auspicio de la Sociedad Bíblica de España).
Seguramente la inclusión de los apócrifos, también vino a ser una respuesta al incipiente y enérgico movimiento de reforma. De esta manera, con la reforma del canon, Roma pretendía dar un golpe de autoridad a fin de enmudecer la protesta. Fue, lo que algunos han calificado como la contrarreforma.
Pero mi intención hoy no es hablar de los apócrifos, sino más bien de un texto apócrifo de un libro canónico e inspirado del Nuevo Testamento como es Apocalipsis. ¿Texto apócrifo en el Apocalipsis?
Recientemente cayó en mis manos una traducción reciente de la Biblia llamada “Traducción en lenguaje actual”, publicada por Sociedades Bíblicas Unidas (SBU), en el 2004. Cual fue mi sorpresa cuando una amiga me animó a leer Apocalipsis 1:10. ¡No podía dar crédito a lo que estaba leyendo! El texto reza así: “Pero un domingo quedé bajo el poder del Espíritu Santo. Entonces escuché detrás de mi una voz muy fuerte que sonaba como una trompeta.”
¡Si, si habéis leido bien! No me he equivocado al transcribir el versículo. Casi todos sabemos que otras traducciones dicen así:“Y sucedió que un día del Señor...” (Dios Habla Hoy), “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor...” (Reina Valera `60), “En el día del Señor entré…” (Cantera-Iglesias). Cualquier traducción, excepto una traducción reciente de la Abadía de Montserrat, traduce siempre “día del Señor”. Y no tienen porqué hacerlo de otra forma, ya que el texto griego dice “en te kuriake heméra”, que significa literalmente “en el día del Señor” y nunca “domingo”.
Dicen de esta traducción: “La nueva “Traducción en lenguaje actual” ha sido realizada directamente de los idiomas bíblicos (hebreo, arameo y griego), no es una adaptación o paráfrasis de ninguna versión castellana existente. Se ha traducido de tal manera que su mensaje sea equivalente al del texto original, pero de modo que pueda leerse en voz alta con fluidez, y que pueda escucharse sin problemas de comprensión” (http://www.logos.com).
Está claro que eso no lo han conseguido respecto a Apocalipsis 1:10. La actualidad o dinamismo del lenguaje a la hora de traducir el texto bíblico no implica olvidarse de su literalidad, y menos cuando actualizar el texto resulta en una interpretación subjetiva y particular. En este caso, aquello de que “traducir es traicionar” se ha cumplido al pie de la letra.
Continuará…

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