18 febrero 2008

¿Un país libre y laico?


Me ha llamado la atención una noticia aparecida hoy en 20 minutos. Dos guardias civiles iniciaron una batalla legal contra la patrona de la Guardia Cívil, la virgen la del Pilar. Heroica e insigne gesta la de estos dos guardias civiles que en esta España laica pero muy católica se han atrevido a defender el derecho a la libertad religiosa. Empezaron la batalla legal en el 2005 y tres años después todavía no han conseguido “destronar” a la virgen susodicha. Lamentable e incomprensible que una reclamación con semejante lógica no haya prosperado todavía.


Bien se puede decir de este caso que “con la iglesia han topado” estos dos guardias civiles, a pesar de que sus palabras no pueden ser más claras y llenas de sentido cuando dicen que “la existencia de un símbolo religioso en nuestro lugar de trabajo conculca nuestro derecho a la libertad de culto y la obligada aconfesionalidad del Estado. Este icono religioso impregna de su significado a todos los que allí trabajamos, sin permitir diferenciación alguna para quienes profesen confesiones o creencias distintas. Un organismo que forma parte de la Administración pública, como es la Guardia Civil, no puede hacer ostentación en sus dependencias de símbolos religiosos de cualquier tipo”.

En vista del éxito que hasta ahora han tenido, yo que ellos, escribía directamente, no ya a la Conferencia Episcopal Española, sino al mismísimo Benedicto XVI. Hombre, digo yo que si están por la labor de convocar manifestaciones para defender los derechos de la familia así como otros valores religiosos, no sería nada desdeñable animar a Joseph Ratzinger a escribir una bula o una carta pastoral o una misiva donde el pontífice romano pusiera de manifiesto, no ya la incoherencia de adorar, venerar o reverenciar imágenes religiosas, hecho que contraviene frontalmente el segundo mandamiento de la Ley de Dios, sino la inconveniencia de imponer la fe católica en lugares que pertenecen a la Administración Pública, o de lo contrario se entendería, por aquello de que “quien calla otorga”, que no les importa imponer lo que haga falta, donde sea y cuando sea menester hacerlo, por el bien de la fe y de la patria.

Si a mi me parece bien que hayan muchos guardias civiles que profesen la fe católica, pero no me parece nada bien que éstos quieran imponer a dos, o a cuatro, o a los que sean, su fe católica. Si quieren ver imágenes, ¡iglesias tienen! Si quieren encomendarse a la protección de la virgen, ¡estampitas venden! Si quieren tener cerca a la virgen ¡medallitas existen! Y si quieren rezar a la virgen, ¡imágenes de bolsillo fabrican para colocar en los despachos particulares!

Es evidente que este pleito debería de resolverse quitando la imagen de la “discordia” de las dependencias de la Benemérita, porque de lo contrario entenderé que para ser guardia civil debes ser católico y que, al mismo tiempo, el cuerpo de la Guardia Civil pertenece a la Iglesia Católica y no a la Administración de un país libre y aconfesional como es, por el momento y aunque en ocasiones no lo parezca, España.