27 julio 2012

Cuando la humanidad se "descongela"

A la izda., hielo a 8 de julio, a la derecha, hielo a 12 de julio.
Regreso tras otros cuatro meses de silencio, pero es que esta vez es insoportable no romper el silencio impuesto por el estrés, no puedo. En días recientes hemos sido testigos de uno de los hechos más graves ecológicamente hablando, de los últimos tiempos, y con impavidez, la humanidad ha pasado la noticia de puntillas entre datos de macroeconomía y abultadas listas de paro (también grave). Groenlandia se ha derretido.

Parece increíble el dato que muchos medios de comunicación han pasado de soslayo, el 97% del hielo de Groenlandia ha desaparecido en apenas unos días... UNOS DÍAS.

Según los diversos medios, desde que se tiene registro de datos, jamás sucedió algo así. Además se han abierto vías de mar, sin hielo, por todo el casquete polar. Lo que hace no mucho tiempo se anunciaba como venidero, ya es una realidad, y el nivel del mar subirá... naturalmente.

No se trata de trivializar, y evidentemente, hay mucho drama en el mundo hoy día, empezando por las revueltas árabes, las crisis económicas, los dramas familiares por el paro, las hambrunas y sequías recientes en el cuerno de África, y otros sangrantes conflictos interminables en lejanos (y no tan lejanos) países "exóticos". Parece que el panorama del mundo político-económico se está derritiendo y se nos presenta un paradigma que deja relucir lo feo de la sociedad, al igual que el hielo deja salir a la superficie la roca pelada en Groenlandia, mostrando un nuevo paisaje quizás más abrupto y escarpado.

¿Y qué pasará? ¿Qué podemos hacer? Posiblemente poco, encogernos de hombros con la mayoría, luchar por nuestro pedazo de pan más cercano... pero de lo que nadie duda es, que la vida sigue. Groenlandia sigue (ya no es "on the rocks", quizá "in the rocks", pero sigue). Sigue también aquí, cuando el deshielo alcanza lo que parecía permanente, como personas con carrera universitaria que se ven en necesidad de acudir a comedores sociales en busca de algo que llevar a la boca... España se derrite también socialmente.

Ayer vi en un noticiero a una mujer joven que decía "ya he llorado suficiente, ahora tengo que luchar con la realidad que tengo delante". Su vida quedó como Groenlandia, en los cimientos. Menos mal que aún hay personas solidarias que intentan poner su "cubito de hielo" en este gran desbarajuste.

Pero el resumen de todas las noticias, medioambientales, o de otra naturaleza, es, la vida sigue. Es más, yendo a planos menos materiales, aunque afectan el entorno, se ve cómo el devenir de los acontecimientos nos llevan a un punto de "fusión" del mundo y de la historia tal cual lo conocemos. Pero a pesar de alcanzar ese clímax histórico, la vida seguirá adelante con aquellos que sobrevivan y acepten los términos del nuevo paradigma.

Siendo breve, a pesar del catastrofismo que lo impregna todo, hay esperanza. Perdón, Esperanza, con mayúsculas.

14 marzo 2012

El Ártico se derrite en tiempo récord: en 30 años ya se perdieron el 75% de los hielos

Tiempo estimado de lectura: 1:41 min.


Hace mucho tiempo desde mi última entrada. Lo cierto es que las responsabilidades me comen el tiempo, más bien lo devoran. Pero en esta ocasión no puedo dejar pasar esta noticia publicada por (fuente:) Greenpeace Argentina, que realmente me ha tocado.

Cito textualmente la noticia de Greenpeace:
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“Existe un hecho que subraya la urgencia de proteger una importantísima región para nuestro planeta: en 30 años ya perdimos el 75 por ciento de los hielos del mar del Ártico.

El hielo no es sólo un medio ambiente virgen, hogar de especies amenazadas como el oso polar, también es esencial para la vida humana. Al reflejar los rayos del sol hacia el espacio, el hielo del Ártico funciona como si fuera el aire acondicionado del mundo, opera enfriando nuestro planeta. Esto, a su vez, sustenta nuestros sistemas agrícolas que, cuando se vuelven intensivos, empujan a millones de personas hacia en el hambre.

Los hielos del Ártico son vitales para vida, pero los estamos destruyendo.

Nuestra obsesión por las energías sucias ha derretido tres cuartas partes del hielo en un poco más de tres décadas.

Algunas personas comparan la cantidad de hielo marino del Ártico mirando la superficie del hielo que queda y haciendo el cálculo de cuánto se va retrayendo. Perosi se quiere saber realmente cuánto hielo queda lo que hay que mirar es el volumen – es decir, tanto la superficie como el espesor del hielo. Recién ahí uno puede conocer las increíbles cifras que demuestran lo mucho que ya se ha perdido.

En 1979, en su punto más bajo, había 16.855 kilómetros cúbicos de hielo marino en el Ártico. En el año 2011 esa medida se redujo a 4.017, un poco más de un cuarto de esa cifra original.

Pero la verdadera sorpresa es la siguiente: en lugar de sentarnos y culparnos a nosotros mismos podemos pararnos y actuar rápidamente para proteger el Ártico: el mundo está permitiendo a las compañías petroleras ir corriendo a explotar las aguas recién derretidas.

Empresas como Shell y otras gigantes están desesperadas por extraer las “vastas reservas de petróleo” debajo de ese hielo que se derrite, a pesar de que todo el petróleo que pueden llegar a sacer del Ártico sólo alimentaría al mundo durante tres años. Tres años.

Es una locura que tenemos que detener. Y se va a detener.

Vamos a asegurarnos de que el año 2012 sea recordado como el año en que se trazó una línea en el hielo”.

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Tristemente estamos empujando a este mundo a niveles desconocidos de crisis, contaminación y otros desastres. ¿Hasta cuándo?

02 febrero 2012

Financiación eclesiástica


Es increíble y vergonzoso el dineral que ingresa la iglesia católica (ICR) del Estado: ¡más de trece millones de euros mensuales! Sin embargo, los recortes sociales son imparables, así como las cuentas pendientes del Estado con algunas comunidades autonómicas, como por ejemplo Cataluña, siguen pendientes de resolver. No me mueve la envidia, ni mucho menos, a la hora de escribir este post, sino más bien una sana y justa reivindicación al sistema de financiación que la Iglesia Adventista desde casi sus mismos inicios ha mantenido, que no es otro que la llamada benevolencia sistemática o diezmo. Y, ¿por qué lo hago? Pues por el sencillo hecho de mostrar que la verdadera “tomadura de pelo”, como algunos dicen por ahí, no está en devolver una décima parte de tus ingresos a la iglesia a la que perteneces, sino en que tus impuestos, seas creyente o no, vayan destinados a la ICR.

Desde hace siglos el catolicismo ha metido cara, manos, pies y otras cosas en “la casa del César”, y no está dispuesta a soltar tales remuneraciones económicas. Lo más fácil es convertirse en la religión oficial del estado, tal y como establece la tradición, y vivir de la “sopa boba” que te cae anualmente, como es el caso que nos ocupa. Me pregunto si este plan de financiación eclesiástica tiene la aprobación de Dios, y a la luz de las palabras del Señor de la Iglesia respondo un rotundo: ¡No! Cristo abogó por la separación entre Iglesia y Estado cuando dijo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20:25).

Nos asombramos de que en algunos países del mundo árabe, el islam sea la religión oficial que se impone por precepto y ejemplo a sus súbditos. Pero, ¿acaso no deberíamos asombrarnos más por el hecho de que en España, no ya el cristianismo, sino la visión cristiana de la ICR sea impuesta por precepto? Es una situación lamentable que denigra y ofende a la libertad de culto, así como al resto de iglesias cristianas que están lejos de gravar al Estado y por ende a sus ciudadanos, ya que no dependen de las arcas estatales para su financiación sino de sus propios miembros que las sustentan por medio de sus diezmos y ofrendas, tal y como la Biblia establece. La libertad de culto, por cierto, debería implicar igualdad de oportunidades y privilegios, pero es evidente que los privilegios ilícitos, desde la perspectiva bíblica, sólo apuntan en una dirección, y no parece que alguien vaya a poner remedio a esta situación.

Quizás va siendo hora de instruir al católico militante, y esa es una tarea papal y pastoral, sobre la necesidad de una autofinanciación eclesial, tal y como las Escrituras proponen. Mientras eso no suceda, nadie debería tildar de actitud sectaria a aquel cristiano adventista o no, que de acuerdo al plan de Dios financia a aquello que aprecia y valora: “la iglesia de Dios, la cual el ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).

19 enero 2012

Galaxias


El vasto universo nos supera. ¿Infinito? Desde nuestra limitada y científica comprensión humana si. ¿Cómo se originó todo este complejo de millones y billones de estrellas y galaxias?, ¿una galaxia fue dando paso a la otra, y así sucesivamente?, o ¿aparecieron todas de golpe tras una gran explosión llamada “big bang” que algunos científicos tratan de reproducir con el llamado colisionador de hadrones?, o ¿quizás será que aparecieron unas cuantas que luego han dado paso a las siguientes?


Yo me quedo con el relato bíblico: “En el principio creo Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Algunos dirán que esta no es una posición científica, sino una posición de fe, y, por tanto, no probada. Pero, los que cuestionan el creacionismo bíblico, ¿se han parado a pensar que la teoría del big bang es sólo eso una teoría que tampoco ha sido probada? En realidad, se necesita la misma fe tanto para creer una cosa como la otra. Es una cuestión de elección, y yo ya lo he hecho: Dios.


Me pregunto, ¿qué pasaría si de repente son capaces de vislumbrar el modus operandi de la llamada “partícula de Dios”, y finalmente, el colisionador de hadrones es capaz de desvelar el origen del universo? Para mi no cambiaría nada. Tan sólo se estaría mostrando como la energía es capaz de transformarse. Luego tendrían que demostrar como esa energía transformable es capaz de generar cosas con sentido y aún más, explicar de dónde proviene la materia primigenia que dio origen a la gran explosión que supuestamente originó las estrellas y galaxias que alcanzamos a conocer hoy. De nuevo terminamos en los mismo, fe. Y es que se necesita fe, mucha fe, para creer todo esto.


No pretendo convencer a nadie que crea lo contrario de lo que yo y muchos más creemos. Simplemente trato de mostrar que el creacionismo bíblico es una opción inteligente y coherente al origen de todo el macro cosmos que nos envuelve y que nos supera por su infinitud.


Afortunadamente, no estamos dejados de la mano de Dios, al capricho de meteoritos o fuerzas que puedan terminar con la vida animal y humana, como algunos dicen. Si los dinosaurios, según la ciencia atea, fueron extinguidos hace millones de años por las fuerzas desordenadas de la naturaleza y el cosmos, ¿qué nos hace pensar que no pueda volver a suceder? De nuevo la llamada ciencia atea converge con la ciencia bíblica que me habla de una catástrofe natural llamada diluvio que significó, por así decirlo, un reset para el planeta tierra. Eso es algo que volverá a suceder, pero no por la intervención caprichosa e impersonal de las fuerzas de la naturaleza, sino por la intervención del Dios que nos creó con un propósito y nos redimió para vivir eternamente con Él.


Como dice el autor de la buena canción que puedes escuchar, Dios es la gracia salvadora de las galaxias y, por supuesto, del ser humano (ver p. e.: Tito 2:11-14). Cristo es la Estrella que da sentido y origen a todas las demás (ver p. e.: Números 24:17; Apocalipsis 22:16; 2ª Pedro 1:19; Juan 8:12; Colosenses 1:16). Por tanto, la mejor y más sabia elección, visto lo visto, ¿no será seguir a esta estrella tan especial, tal y como se nos revela en las Escrituras?



04 enero 2012

El otro lado de la "y"


Ya estamos en el enigmático 2012… y todo sigue más o menos igual: unos nacen y otros mueren, unos siguen empobreciéndose más en términos económicos y otros siguen chupando del bote a costa de aquellos que van perdiendo o ven limitado su poder adquisitivo, unos disfrutan con su equipo del alma y otros lamentan victorias ajenas, unos… y otros… Finalmente, todo se resume en lo que sucede a “unos” y lo que acontece a “otros”.


Pero, lo que quisiera resaltar es que, tal y como dice la Escritura, Dios sigue amando a “todos”. En estos tiempos de marcada crisis tanto económica como espiritual el mensaje bíblico sigue proclamando el amor de Dios a un mundo errático que sigue a lo suyo.


En este 2012, las cosas en el Remanente, siguen la buena y necesaria dinámica que prevaleció en el 2011: “R&R” (“Reavivamiento y Reforma”, no confundir con “Rock & Roll”). Quizás, como consecuencia a la tendencia innata al desequilibrio propia de la humanidad caída, casi siempre unos ponen todo el énfasis en el reavivamiento y otros acentúan la reforma, es decir, unos ensalzan el amor de Cristo y otros proclaman su mensaje doctrinal y profético con jotas y tildes incluidas. No hay nada de malo en todo esto. El problema está en descuidar el otro lado de la “y”.


Algunos no se dan cuenta que entre el término “reavivamiento” y la palabra “reforma” se encuentra la conjunción “y”, cuya función, en el caso que nos ocupa, es indicar una adición. Estos “algunos” sufren de lo que podríamos denominar como “confusión conjucional”, y en lugar de leer “reavivamiento y reforma”, parece que están leyendo “reavivamiento o reforma”, olvidando que la conjunción “o” indica que dos posibilidades se presentan como alternativas, de modo que cada una de ellas excluye a la otra.


Haríamos bien en definir el significado de “reavivamiento” y de “reforma”. La definición la encontramos en el diccionario del don profético, y dice así: “El reavivamiento y la reforma son dos cosas diferentes. El reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual… una resurrección de la muerte espiritual. La reforma significa una reorganización, un cambio en ideas y teorías, en hábitos y prácticas.” (R&H, 25/02/1902).


Queda claro que el reavivamiento sólo puede ser producido por el poder de Dios. No es algo que nosotros podamos producir, sino algo que produce la Palabra de Dios cuando nos alcanza por y con el poder del Espíritu Santo. Por supuesto, que la predicación de esa Palabra tiene un claro y único protagonista: Cristo. Muchas buenas predicaciones ponen todo el énfasis en este aspecto con un adecuado enfoque cristocéntrico. Pero, ¿dónde queda la reforma?


La reforma es algo que no podemos hacer al margen de Dios por nosotros mismos, pero si que es algo que tenemos que decidir por nosotros mismos. En este punto soy yo quien decido establecer horarios, pautas y hábitos que favorezcan una vida plena. Resulta obvio que Dios no va apagar el televisor por mi a las doce de la noche, como tampoco va a evitar que coma más de lo que necesito o que abandone cierta práctica o hábito pernicioso. El resguardar las avenidas del alma y comer de manera saludable y temperante es nuestra parte. Dicho de otro modo, no era Dios quien debía derribar los altares de divinidades paganas en el antiguo Israel, sino todo lo contrario (ver p. e. Éxodo 34:12, 13, Deuteronomio. 7:5). Era el instrumento humano quien, alentado y motivado por la palabra divina, decidía realizar la acción propuesta (ver p. e. Éxodo 32:20; 2ª Crónicas 14:3; 23:17; 30:14; 34:7).


Hoy no puede ser diferente. Si queremos tomarnos en serio el llamado a experimentar un verdadero reavivamiento y reforma en nuestras vidas, debemos estar dispuestos a derribar todo ídolo que se ha erigido en el templo que cada uno de nosotros somos y erradicar así la mundanalidad que ha tomado a nuestras neuronas como antaño había tomado las calles de Jerusalén (ver Jeremías 11:13).


Y en este proceso no podemos olvidar los llamados que el evangelio nos hacen al cultivo de esas virtudes que Cristo exhibió en su vida, respecto a nosotros mismos y hacia aquellos que nos rodean: paciencia, sencillez, comprensión, mansedumbre, amor fraternal. El reavivamiento y la reforma tendrán sentido y propiciarán el retorno de Cristo cuando nos haga SER, es decir, cuando nos haga ser mejores esposos y esposas, mejores padres y madres, mejores hijos e hijas, mejores empleados y jefes, mejores miembros de iglesia y mejores pastores, en definitiva, mejores cristianos.


El reavivamiento sin la reforma es fanatismo, y la reforma sin el reavivamiento es legalismo, así que no olvides nunca en este 2012 el otro lado de la “y”.

10 noviembre 2011

La vida sobre dos ruedas


La conducción de una moto me parece algo apasionante porque te proporciona una sensación de libertad como pocas cosas pueden ofrecer. La moto te mueve a ti, pero tu la mueves a ella girando tu cuerpo y enderezándola de nuevo tras la curva con un fino movimiento de cadera. Se produce una fusión entre máquina y piloto perfecta. Realmente, la conducción de una moto es todo un privilegio. Y el privilegio siempre debe ir acompañado de la responsabilidad. Ambos conceptos van juntos y no los podemos divorciar nunca. Una mala caída puede tener consecuencias fatales. La conducción debe ser sensata y segura, es decir, responsable, sin maniobras arriesgadas ni precipitaciones o de lo contrario podría producirse una caída que podría resultar fatal.

La vida de casi cualquier ser humano se parece mucho a ir en moto. El acto de vivir se aprecia a medida que vas quemando etapas. A esto se le llama “vivencias”, y éstas, las vivencias, son las que, finalmente, conforman nuestro carácter y la manera de afrontar la vida. Esto, sin duda, es un privilegio que comporta nuevos retos, nuevas perspectivas, nuevos desafíos, y nuevos planteamientos para enfrentar los viejos problemas de siempre que nos afectan a todos por igual. Y ahí precisamente, es donde entra en juego la responsabilidad. La vida es un privilegio cuando la vives con responsabilidad. Ese es el mensaje bíblico que el ser humano ha tenido que aprender desde la caída en el pecado. Esa caída resulto fatal por usar mal el privilegio que nos fue dado, vivir con libertad. De este modo, el privilegio de la libertad sin la compañía de la responsabilidad resultó en un desastre que es evidente: muerte, llanto, clamor y dolor. Desgraciadamente, la responsabilidad no es inmune a estas experiencias negativas.


Dios prometió salvarnos de las consecuencias nefastas de nuestra falta de responsabilidad y de las experiencias negativas que derivaron de ella, y cuando vino “el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4), Dios, en la persona de Cristo, lo hizo, cuando el tomó sobre sí mismo la muerte, el llanto, el clamor y el dolor (Apocalipsis 21:4). Durante toda su vida, Jesús nos enseñó a vivir con responsabilidad. Tengo algún reparo en decir que para Él, hacerse hombre fue un gran privilegio por el hecho de que a nadie le gusta ir de más a menos (ver 2ª Corintios 8:9). Más bien, creo que dejando el privilegio de ser Dios y actuar como tal en su esfera natural, tomó en sus manos la responsabilidad de la salvación de la raza humana (ver Filipenses 2:6, 7). Y eso pasaba por nacer, vivir y morir. Enorme responsabilidad que, afortunadamente, no quiso eludir (ver Mateo 16:21-23; Juan 12:27) y no eludió (ver Mateo 26:39; 53-56). Pero debo admitir que para Dios fue un privilegio amarnos y mostrar ese amor asumiendo una responsabilidad que le suponía enfrentar el sufrimiento y la muerte (ver Juan 3:16).


Para Dios, pues, la responsabilidad ejercida se convirtió en el mayor de los privilegios: vivir una vida de obediencia a la voluntad de Dios y de servicio al prójimo. Esa es la vida plena, privilegiada y responsable, que Jesús quiere otorgarnos (ver Juan 10:10). Desafortunadamente, me da que son muchos los que viven esta vida reclamando privilegios, y evitando responsabilidades, tanto dentro como fuera de la iglesia. Cual motero advenedizo o insensato, disfrutan del privilegio de una conducción poco responsable sin reparar en las consecuencias que esto puede acarrear. Asumen riesgos innecesarios fruto del orgullo, del egoísmo, de la pasión descontrolada, de la ignorancia voluntaria... en definitiva del pecado que nos mancilla y nos aliena del tomar conciencia de nuestro verdadero privilegio: ser hijos de Dios, y de nuestra gran responsabilidad: comportarnos como verdaderos hijos de Dios.


Son muchos los que viven sin haber aprendido a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios tal cual fue expresada en la vida de Cristo. La Biblia sigue proclamando la Buena Noticia de la salvación por medio de la fe en Cristo, y también la responsabilidad de una vida consecuente y coherente con la voluntad divina en todos los aspectos de la vida que no es dada.


¡Disfruta el privilegio de vivir responsablemente para Dios en casa, en la iglesia y en la sociedad!



13 julio 2011

Deformadores


El s. XIV fue testigo del nacimiento de un hombre que cambiaría la historia del cristianismo. Ese hombre llamado Juan Wiclef marcó una época en la historia de la verdad bíblica, y fue el pionero o padre de los llamados en el mundo protestante “reformadores”. Sus dos grandes lemas fueron:

1. La salvación por medio de la fe en Cristo.

2. La infalibilidad única de las Sagradas Escrituras.


El llamado Movimiento Adventista surge en un contexto histórico peculiar definido en la profecía bíblica. A partir de mediados del s. XIX la verdad bíblica siguió alcanzando hitos gracias al estudio e investigación de hombres y mujeres que usados por Dios redescubrieron la importancia del sábado como día de descanso y adoración, así como de otras importantes doctrinas bíblicas, entre otras, la no inmortalidad del alma, el santuario, la segunda venida de Jesús.


En la historia de un movimiento, cualquiera que sea, es inevitable que siempre surjan personas que en su afán de querer hacer muy bien las cosas, descubren otras verdades que no habían sido verificadas con anterioridad y que, por tanto, habían quedado ocultas. Este hecho que a primera vista parece bueno, loable y necesario, en algunas ocasiones no lo es. Y no lo es porque, en su particular visión de las cosas, esas verdades que ellos han redescubierto, en realidad, dicen ellos, han sido ocultadas intencionadamente. Desde ese momento, la conspiración está servida. Pero la pregunta es: ¿Hay evidencias suficientes como para creer que estamos verdaderamente ante una conspiración en la Iglesia Adventista, o se trata más bien de teorías conspiratorias lanzadas por "conspiranóicos" (dícese de aquellos que siempre buscan, y terminan encontrando (¿?), o mejor dicho inventando los tres pies al gato)?


Lo último en conspiraciones dentro del adventismo viene de la mano de un grupo de personas que afirman que la Trinidad es una doctrina católica y por tanto equivocada, y eso convierte a la Iglesia Adventista en Babilonia (confusión). Me pregunto como pueden ignorar que Babilonia está constituida por las falsedades del domingo como día de adoración y la inmortalidad natural del alma, principalmente, y nunca por la trinidad. Por supuesto que en sus argumentaciones no faltan las citas bíblicas, así como las citas de algún padre de la iglesia, y, como no, las citas del espíritu de profecía más reciente, pero, eso sí, las originales, las manuscritas y no las editadas por el White State, que según ellos están manipuladas y por tanto conducen al error. Por eso, “es necesario hacerles frente y oponérseles, no porque sean hombres malos, sino porque enseñan errores y procuran poner sobre la mentira el sello de la verdad” (Iglesia Remanente, 81).


Se me antoja que esta clase de personas más que reformadores, son deformadores por dos motivos fundamentales:

  1. No atienden más a que a sus propias razones e ideas. No ocurrió así con los auténticos reformadores del pasado, a quienes la iglesia "oficial" de aquel entonces, la católica, no supo dar respuestas bíblicas coherentes ni convincentes a un claro “así dice Jehová”.

  1. Actúan por inducción y no por convicción. Los reformadores actuaban movidos por sus convicciones personales acerca de las Escrituras en contraste con los errores que predicaba el papado. Nunca fueron rebatidos con argumentos, sino por medio de la coacción y la amenaza. Los deformadores actúan por ciertos resentimientos que los llevan a forzar la verdadera historia de las cosas y en algunos casos niegan rectificar su postura cuando sus argumentos son respondidos y neutralizados por medio de una contraargumentación sólida y coherente.

Ante la propaganda del deformador cuida bien tu corazón, y no permitas que ninguna raíz de amargura, rencor o resentimiento del pasado respecto a un hecho o a un hermano de iglesia te pase factura en el presente. Suele pasar que estas tres palabras recién mencionadas que empiezan por “r” son las que casi siempre inducen a dar pasos precipitados que conducen a sendas extraviadas.


Lamentablemente estas nuevas corrientes deformadas ignoran mensajes claros y reveladores que ponen de manifiesto la deformación de sus aseveraciones y que ya fueron utilizadas en el pasado para advertir a los pioneros de la deforma:


“En el folleto publicado por el Hno. S. y sus asociados, acusa a la iglesia de Dios de ser Babilonia, e insta a la gente a separarse de ella. Esta obra no es ni honrada ni justa. Al compilar ese trabajo, han usado mi nombre y mis escritos para sostener lo que yo desapruebo y denuncio como error… No vacilo en decir que los que insisten en llevar adelante esta obra están sumamente engañados.” (IR, 48).


“Durante años he dado mi testimonio en el sentido de que cuando se levantan personas con la pretensión de tener gran luz, y sin embargo abogan por la demolición de lo que el Señor ha estado edificando por medio de sus instrumentos humanos, esas personas están muy engañadas y no trabajan en colaboración con Cristo. Los que aseveran que las iglesias adventistas constituyen Babilonia, o una parte de Babilonia, deberían quedarse en casa.” (IR, 49).


Por cierto, ¿alguien puede realmente creer que Jesús volverá el 15 de octubre?


“Estamos cerca del fin, pero si a usted o a algún otro seduce el enemigo y lo induce a fijar la fecha de la venida de Cristo, estarán haciendo la misma mala obra que causó la ruina de las almas de los que la hicieron en lo pasado.” (IR, 92).


Si una cosa me queda clara después de leer esta cita y las famosas citas bíblicas sobre este tema (Mateo 24:36; Hechos 1:7), ¡es que Cristo no volverá el 15 de octubre!