Nunca sol@
El video clip que puedes ver y escuchar más abajo o aquí no pertenece a un grupo precisamente sensiblero. Pero eso no impide que algunas de sus canciones (“If Everyone Care”, “Savin´ Me”, “If Today Was Your Last Day”, por ejemplo), sean capaces de tocar la sensibilidad de muchos, y la mía en especial al punto de motivar algunas reflexiones. No me considero una persona sensiblera, pero reconozco que soy sensible a determinadas situaciones, y más, cuando te sientes identificado con ellas. Y este, una vez más, ha sido el caso.
Muchos de los lectores habituales de “Cuenta Atrás” saben que perdí a mi padre cuando tenía 10 años de edad. Los recuerdos que tengo de él son muy buenos, pero a veces insuficientes. Y digo insuficientes porque cuando los comparo con los recuerdos de mi querida hermanita, quien tenía 14 años en el momento del trágico suceso, me doy cuenta que ella, debido a su mayor edad y a sus circunstancias personales, guarda en su memoria y en su personal archivo histórico algunas conversaciones y cartas de mi padre que produjeron un impacto muy positivo en su vida. Cuando compartimos esos recuerdos ella me enriquece y me aporta mucho más sobre la persona y figura de mi padre de lo que yo pueda hacer.
Me quedo con dos ideas. La primera de ellas tiene que ver con el legado moral de una persona. La protagonista del vídeo recuerda con satisfacción a su padre. Se intuye perfectamente que fue alguien que se preocupó por su hija y que supo transmitirle valores positivos. Afortunadamente, eso es lo mismo que podemos decir tanto yo como mi hermana respecto al legado de mi padre. Mi hermana suele decir, ante la triste despreocupación de muchos padres en ser para sus hijos, precisamente eso, “padres”, que nosotros tuvimos la suerte de tener a un padre, eso si, sólo hasta los 10 y 14 años respectivamente, pero un “padre” al fin y al cabo, que supo disfrutar de sus hijos, y los supo orientar en momentos complicados o difíciles.
La segunda idea responde a una aplicación del título de la canción, que traducido sería algo así como: “Nunca vas a estar sólo”. Mi padre falleció y sólo nos queda su legado moral, que no su presencia, ni personal ni espiritual. Pero todos, absolutamente todos, tenemos la posibilidad y, si lo permitimos, la seguridad de contar en nuestras vidas con la presencia personal de Dios, nuestro Padre celestial (ver p. e.: Mateo 28:20; Juan 14:23).
No podemos evitar la pérdida de esas personas importantes en nuestra vida. Tal como vinieron se van, y a menudo, antes de lo que quisiéramos. Por eso, que importante es que podamos ser para ellas, todo lo que ellas quisieran recordar de nosotros.
Y al mismo tiempo, hay algo que si podemos evitar. Se trata de impedir que Dios sea para nosotros lo que él quiere y desea ser, un Padre amante, bondadoso y eterno, que nos dice: “No temas porque yo estoy contigo. No desmayes porque yo soy tu Dios. Yo te doy vigor, sí, yo te ayudaré, y siempre te sostendré con la diestra de mi justicia… Soy quien te sostiene con mi mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.” (Isaías 41:10, 13).






